Una
vida está llena de recuerdos y algunas veces te sorprende porque alguno de
ellos te asalta, oportuno o inoportuno
pero se vuelve realidad, buscándote, vivo, en presente, con sus brillos
y reflejos.
Los
guardaste en el cajón izquierdo de tu memoria, al abrigo de las tinieblas… Como
amaste, sentiste o lo feliz que hayas podido ser, solapados por sorbitos de
dolor, hasta que tu cuerpo se encargó de apaciguar sentimientos.
Vuelves
a mí, ahora, después de tanto tiempo con las armas en alto. Irrumpes de nuevo
en la tranquilidad que me dan los años con sentimientos candentes, abriendo el
cajón oculto, desempolvando el pasado. Lo que aflora ya no es amor. Ese deseo,
ese sentir ya no existe; cupido esta vez no me alcanzó con sus flechas.
Ya
no quiero jugar. Ya no tengo fuerzas para correr detrás de tu nueva ilusión. Las piedrecitas de colores que me has puesto en el camino, no te voy a negar que no me hayan gustado. Yo también necesito abrazos, y si cierro los ojos todo es perfecto. Pero no es mi hogar.
Déjame
que te cuente y no me interrumpas: ya no quiero ese pasado. Quiero un nuevo
presente y a ser posible cachitos de futuro y que la vida lo habite.
Lo
cierto es que tenemos que reírnos y lo podemos hacer juntos. Viajemos sobre el
viento y saquemos el bandido. Dejemos el lloriqueo de la lluvia para el mes de
Abril.
La
felicidad es como una manta pequeña, lo decía Rojas Marcos, busquémosla en el
placer de la amistad.
