Es
la hora del Ángelus de un seis de diciembre cálido. Estamos cruzando Oporto
dirección Lisboa por la A1.
Somos
nueve, los magníficos, los que entusiasmados y felices viajamos en una furgoneta alquilada. Entre
risas bromeamos y desde los asientos del fondo se escucha:
–a volta vimos pola A3
Más
risas… estamos en caravana; llevamos tres cuartos de hora casi parados y las
bromas no cesan por una decisión equivocada de elección de carretera. Un camión volcado y
el denso tráfico son testigo de las retenciones. Oporto es la segunda ciudad
más importante de Portugal.
Me llegan a la memoria recuerdos del año anterior en estas fechas, con aroma a risas de color del fuego, a cariño sin prejuicio. Hoy,
la misma gente y alguna más con los mismos deseos: dejarlo todo atrás, solo
vivir el momento.
En Pombal, famoso por su castillo que fue
mandado construir por el maestre de los templarios Gualdim Pais y a dos horas de nuestro destino, nos detenemos a
comer en la churrasquería Avenida un sabroso caldo para entrar en calor y de
segundo frebas de porco.
Huele a vacaciones,
a trama y a sesiones de lectura con chocolate.
Lisboa
nos recibe con su brillo y un cielo azul
tímido de buen augurio. También es conocida como la ciudad de la luz con su viaducto y el Puente
25 de Abril al fondo. Más allá el Cristo de Almada con sus brazos en cruz nos
promete una buena estancia. Nos espera la Lisboa de Tabucci, de Pessoa, de
Saramago. Son las seis de la tarde y anochece.
Ya en
nuestro destino en el barrio “Santos O Vello” está la calle Marqués de Abrantes 84, que será nuestro hogar los próximos
días.
Después
de unas desavenencias con la administradora del piso, alojados y aseados, nos disponemos a tomar contacto con la ciudad
y nos damos un paseo por los alrededores.
Los exploradores, que son tres,
encuentran en mesón “Os Aregos” un
bacalao sabrosísimo. Terminamos la noche en “Atelier Aberto”, un pub cerca de casa donde una copa, la charla y
los relatos al gusto son el principal ingrediente. A mi lado Isabel, abstraída, escribe
un verso. Ya estamos viviendo fuera de nuestra rutina. Imaginamos, nos
ilusionamos y fantaseamos.
Día 7
En
el desayuno, Nones nos sorprende leyéndonos un cuento sobre nosotros, los
compañeros de viaje, o la cuadrilla como ella misma nos llama. Enternecedor y magnífico
escrito: A dona do segredo da esencia; nos asaltan las lágrimas con la pasión que
nos dedica en esas líneas y que tan bien nos describe. Me conquista. Yo soy su vendedora de tesoros.
La timonera es la dueña del secreto de la esencia, dos maestras jubiladas como
aprendices de escritoras, un poeta, un hada y una polizonte amiga componen este
relato.
Estamos
en el cementerio de Prazeres, es media mañana. Fue
construido en el año 1833 para acoger a las miles de víctimas de la epidemia
del cólera que asoló Lisboa en ese año.
Situado
en el oeste de la ciudad, en el barrio aristócrata, es donde están enterrados
los grandes nombres de la historia de Portugal: actores, cantantes, políticos y
sobre todo resultó ser el cementerio de las familias más poderosas e
influyentes.
El
mayor mausoleo privado de Europa se encuentra en Prazeres: la tumba de los Duques
de Palmela. Dentro de dicho mausoleo reposa la élite de los criados y en
la capilla en forma de pirámide descansan familiares y amigos abrazados a la
tumba o jaziga del duque. Cuenta la
historia que en su interior hay unos 200
cuerpos.
Primer ejercicio… escribe sobre la
muerte:
Los días transcurrían lánguidos. En la
casa reinaba un silencio con olor a desolación. Le pedía a un Dios omnipotente
para que todo terminase pronto, que dejaras de sufrir. Estos dos días no
abriste los ojos, tus ojos marrones almendrados ni cuando te cogía la mano,
todavía tibia, ni cuando te susurraba al oído y te decía que te dejaras ir sin
pesar, sin angustia. Te dije mil veces que te quería sin derramar una lágrima.
Las escondía para más tarde.
Después de un largo suspiro tu luz se
apagó, igual que la tarde de este mes de diciembre frío y gris. Dejaste de
respirar. La casa nos acompañó en un silencio sepulcral un rato más, hasta que
tuvimos que tomar decisiones: cómo vestirte…, elegir las flores..., si recibir
duelo, si hacerte misas. ¿Dónde dejas tu dolor, tu desconcierto, tu pena, tu
soledad?
Hola, mamá: aquí estoy, donde yo no
quería pero tú sí.
Me enseñaste a ser independiente,
fuerte. ¿Por qué no te lo aplicaste?, ¿por qué tiraste la toalla tan pronto y
durante tanto tiempo? ¿Para conseguir qué? Ya sonaron las campanas para ti.
Cuántos secretos te llevaste mamá, ahora que lo
pienso yo no te conocía. Cuando hablo con alguien de ti me cuentan cosas
amables, divertidas, lo luchadora que fuiste en tu juventud y se me dibuja una
sonrisa. Tú y yo nunca tuvimos una conversación profunda, ni siquiera seria.
Quizá también fue mía la culpa, me fui demasiado pronto de casa, a una edad
donde madres e hijas se cuentan secretos de adultas. Creo que te conozco más
ahora por lo que me relatan, por lo que hiciste por los demás, por tu
jovialidad antes de la enfermedad, por tus escapadas a la ciudad, por tu
vestuario impecable. Siempre recordaré un abrigo blanco... tú sentada en las
gradas viendo a tu hija jugar… llamabas la atención por coqueta y atrevida. Me
gustaba ir contigo de compras, eso sí lo recuerdo, a gastarnos mi primer
sueldo. Te conocían en todas las tiendas, te agasajaban y yo era muy feliz.
Siempre te gustó la playa. No sé cómo lo
hacías; en verano pasabas unos días junto al mar, sola. En esa etapa yo no
estaba en casa, pero te visitaba y lucías una piel morena y brillante. Qué cuerpecito tenías en biquini. Biquini, ¡quién se atrevía en esa época!
Estoy muy triste mamá, no por tu muerte,
sino por no haber sabido acercarme a ti. Que me contaras como te trataba la vida, qué te complacía, cuáles eran tus males y por qué. Y ahora qué mamá… ¿Es Dios
inexorable? Cuando llegué de nuevo a tu vida ya era tarde, ya estabas enferma,
ya no querías hablar. La vida te incomodaba ¿Qué te pasó mamá?
Quizás fui yo la que me alejé, la que
nada me importaba, solo yo. Quería comerme el mundo y me olvidé de ti ¡Qué
ironía! Ahora soy yo la que te busco, la que necesito contarte…
Camino por la mañana de este diciembre
sin luz y te veo a lo lejos con tu abrigo blanco.
Comida
en el mercado de Ourique. Un lugar para
ir de tapas, mariscos, charcutería, comida gourmet. Típico espacio de moda de
las grandes ciudades.
Para
bajar la comida y la cerveza nada como un paseo por el Jardim da Estrela, de estilo inglés del siglo XIX. Unas fotitos
para el recuerdo. Cinco mujeres acompañadas por un chico, ¡todo un lujo! Huele a
castañas asadas y el viento del norte nos acerca al mar.
Continuamos
camino y entramos en la Basílica da Estrela.
Fue construida en 1779. La reina María I, hija de José I, hizo el voto de construir la Basílica si diera a luz un
hijo que heredase el trono portugués. El ansiado hijo y heredero murió de
varicela dos años antes del fin de su construcción. Con su enorme cúpula, es una de las iglesias
más importantes situada en la zona oeste de Lisboa.
Antes
de la visita a la casa de Galicia, pasamos por una de las calles más concurridas
de Baixa, por la rúa da Prata, paralela a la peatonal rúa Augusta y nos encontramos con la
amplia plaza de Figueira donde se
puede contemplar al fondo la silueta del castillo San Jorge. Es un ir y venir
de gentes de todas las nacionalidades: africanos, europeos, asiáticos. Lisboa
resplandece de júbilo en sus callejuelas de mil historias por contar.
Cogimos
el Elevador de Lavra para llegar a la casa
da Xuventude de Galicia en la rúa de Julio de Andrade, en el centro de la
ciudad, con el maravilloso Jardim do
Torel con sus vistas, que en esta
ocasión no pudimos apreciar por la oscuridad de la tarde. Esta casa está afincada en
un palacete construido a finales del siglo XIX y fue donado por Manuel Cordo Boullosa, magnate y mecenas
gallego. El centro acoge diversas actividades: danza, música tradicional,
exposiciones, talleres, conferencias... dando a conocer Galicia en esta tierra
lusa. El fundador de la casa de Galicia en 1908 fue Ramiro Vidal Carrera un
emigrado gallego en Lisboa
Los poetas Fernando Pessoa
y Alfredo Pedro Guisado, -este último de Pías (Ponteareas)-, junto con Mario Sá Carneiro, Armando
cortés, José Pacheco y Ricardo Reyes colaboraron con la revista literaria Orpheu con la intención de renovar el
panorama de las letras lusas.
Nos
recibe un sobrino nieto de Guisado y nos relata la vida de Pessoa, sus amores
con Ofélia Queiroz y sus heterónimos. Se dice que era una persona frágil de
mirada miope, como ausente. El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa bajo el
heterónimo de Bernardo Soares, es la
obra en prosa más importante del poeta portugués.
Día 8
Tertulia
literaria sobre Saramago en casa, hasta la una de la tarde. Nos envuelve el
olor a café recién hecho y tostadas caramelizadas con la lectura de textos de
mis compañeros y una gran revelación: Puri, con excelentes y refrescantes
relatos. El poema de Isabel –que lee Fran- maravilloso. Y el segundo capítulo
de la novela del poeta, Fran, que ya nos tiene enganchadas. Una mañana fructífera. Yo
leí un micro “A cima aínda está moi
lonxe” y por último Clara, que nos continúa leyendo un
capítulo de su última novela “Zapatos de verán”.
El
día está húmedo y gris. En el mercado de Cais
de Sodré imposible comer o sentarse por la afluencia masiva de gente. A toda prisa, engullimos unos
montaditos en la plaza al lado del mercado del puerto con los exploradores que
nos estaban esperando. Hacen
una labor de campo exhaustiva. Siempre un paso por delante.
Son
las tres de la tarde y estamos delante del edificio de la Fundación de Saramago
–Casa dos Bicos- . Nos espera la guía para acercarnos con sus explicaciones un
poco más a la vida y obra del escritor. Disfrutamos durante dos horas de su
exposición sobre Saramago. Fotos para recordar y un sinfín de anécdotas; 1998
en Estocolmo cuando recogía el premio Novel de literatura; en el brindis, el escritor, recordó el
aniversario de la carta de los derechos humanos y subrayó:
“Con la misma vehemencia con que
reivindicamos los derechos, reivindiques
también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo pueda ser un poco
mejor”
En
la calle y al fresco del atardecer, después de hacernos la foto junto el olivo
donde está enterrado nuestro anfitrión, caminamos hacia la librería Fábula
Urbis. Allí nos espera un té caliente para reponernos y toda la sala del piso
superior para nuestro taller sobre Sostiene Pereira.
Fran
sostiene que mantendría un debate con Pereira sobre Océano Mar de Baricco. Yo
departiría sobre Montedidio de Erri de
Luca. Isabel El hombre del tren de las 6,27 y Nones Ensayo sobre la Ceguera
de Saramago y Esperando ao Leiteiro de
Xosé Neira Vilas.
Una
tarde para el recuerdo.
De
regreso callejeamos y nos dejamos perder por Sé, Alfama, Baixa e Xiado. Acabamos la noche en una casa de fados “Retiro dos sentidos” en rúa Diario de
Noticias, donde los exploradores ya nos tenían una mesa reservada. La comida
bastante mala y los fados … bueno, un fado siempre es un fado si lo cantas con desarraigo.
Día 9
Me
gusta la mañana, me gusta madrugar. Hace un día estupendo, brilla el sol y nos
espera Belém... con sus natas. Se nos hace agua la boca.
Son las diez de la mañana. Estas
tortitas de crema es una de las especialidades
de la cocina portuguesa. Cuentan que la receta tiene 200 años y nunca
fue revelada. Se empieza a elaborar a puerta cerrada, en el taller del secreto.
Se comen en caliente o frío. Deliciosas. Al salir del local la cola ya era
kilométrica.
En
el mirador del Cristo de Almada nos hicimos un reportaje fotográfico. El sol
estaba perfecto y las vistas maravillosas. Lisboa de este a oeste en todo su
esplendor.
Sentados
en la terraza de cara al río Tajo, cerca de la Torre, tertulia y escrita hasta el
mediodía sobre: la vida presenta dilemas o decisiones extremas y salomónicas.
Salen
buenos relatos, estamos inspirados.
Relato del ejercicio …¿QUÉ PASARÍA SI
NO…?
Solitario, en el muelle a esa hora tan
temprana su mirada resbala lentamente hacia el mar encabritado. Ya no hay
lágrimas ni lugar para los malos recuerdos y aun así le alimentan el día. A su
memoria llegan pasajes de su vida:
Era tan joven e inocente. De cara
alargada y delgadez extrema, moreno con rasgos chinees. Lo único que conocía era
los barrios de Lisboa, su ciudad, de sus calles tristes y frías y la fábrica de
cristal ubicada en las cercanías de Baixa donde trabajaba muchas horas para ayudar
a su madre.
Nunca conoció a su padre, tampoco le
echó en falta.
Su amor está con él, vive con él, sueña
con él. Si supiera donde buscarla. Nada le ataba a su tierra ahora que su madre
había fallecido.
En su memoria se agolpan los recuerdos. Fue ella quien se acercó a él, pausadamente y
murmurando, atrevida, en su oído lo guapo que era:
– ¿Cuál es tu gracia? le preguntó.
Corría el año 1988 Lisboa ardía por los
cuatro costados. Era una tarde muy calurosa del mes de agosto Un incendio en unos almacenes
en plena calle del Carmo provocó el caos. Lisboa, la ciudad de los pintores y poetas era herida
de muerte. Las llamas, manzana tras manzana, eran atizadas por una fuerte brisa
que venía del cercano río Tajo destruyendo el centro histórico, Baixa Pombalina y el Chiado, el corazón
romántico de Lisboa. Una enorme tristeza abatió la ciudad. Las explosiones no
cesaban; los edificios se desmoronaban con sus viejas vigas ya candentes.
Unos meses antes del gran incendio, el
amor le llegó a borbotones. Ella era preciosa, de buena familia no le faltaba
de nada. Su padre, comerciante, importaba de Brasil artículos de primera
necesidad haciéndose rico con el gobierno de Salazar.
Era una pasión carnal y clandestina. Imposible
cara a la sociedad y en los ambientes en que su familia se movía. Una tarde del
mes de Julio paseaban su amor cogidos de la mano por la playa, en Sintra. La
noticia llegó hasta su padre en forma de huracán y la encerró en casa.
Él le escribía cartas clandestinas que le hacía llegar por
medio de su niñera, procesándole amor eterno.
–Paciencia amor, nos veremos pronto.
Espérame.
Un descuido entre epístolas alertó a su
progenitor y aprovechando este la tragedia del incendio comunicó a su hija de
la muerte del chico, diciéndole que estaba en ese momento en los almacenes. El
centro histórico estaba en ruinas.
Enloquecida, necesitaba tomar aire e hizo caso a su padre y se embarcó en un
trasatlántico camino de San Paulo. Sin mirar atrás, con su mano derecha
acariciaba su vientre.
Ahora él vive en el barrio de Alfama solo con sus recuerdos. Atesora las cartas esperando que algún día regrese
a su lado. Es cantante de fados y sabe, lo siente en su corazón, que su amor algún día los escuchará.
Esta mañana, en el muelle, está inquieto
como el mar encabritado. Se levanta y hunde un poco más en su cabeza el gorro
de lana.
El corazón le da un vuelco, el viento
calla y siente una sensación casi olvidada de placer. Sus ojos se posan en una hermosa
mujer cogida del brazo de un muchacho.
Su nodriza antes de morir quiso espiar su culpa y por esas
vueltas que da el camino, le escribe a San Paulo relatándole la mentira mezquina y cruel de
su padre. Lo que nunca supo él es que tenía un hijo.
Su alma se desliza hacia los brazos de su amor.
Comemos
en los jardines de Albuquerque, muy cerca del palacio de Belém, pizza, aderezada con cantos brasileños en la calle.
De
regreso a pie y a medio camino de la ciudad nos paramos en XL Factory. Tiendas hipster con artículos vintage, bares y
música indie y alternativa en directo,
nos arrastran al interior de estos jóvenes bohemios de clase media-alta
Continuamos
camino, con la tarde ya caída, hasta llegar a nuestro destino “Pensión amor” en la calle Alecrín.
Historias
de amor, vicio, amores desgraciados; todo te lo puedes imaginar en este lugar,
un museo del mundo erótico. Sensualidad decadente de la viaja Lisboa: sillones
llamativos, espejos barrocos, pantallas de época, ángeles pintados en el techo,
biblioteca con libros de sexo. Para acompañar y ponernos en situación un
gin-tonic, frío, amargo, delicioso. Todo acompañado con muchísimo jolgorio y
regocijo. Un vidente nos quiere echar las cartas y leer la mano... más risas.
Solo
chicas.
Relato de ejercicio… Amores de barrio bajo.
Valentina
Las piernas de Valentina no paraban
quietas, eran las nueve de la noche. Un cálido aire de ese mes de junio llegaba
hasta el salón. Esa tarde se paró un poco más de lo acostumbrado delante del
espejo y se recogió el pelo en moño alto para parecer más esbelta. Los labios de
carmín rojo hacían juego con sus uñas largas, de gata traviesa. Las medias de
malla escarlata le llegaban al muslo provocadoras. El corpiño negro de satén
realzaba sus pechos. Estaba excitada.
Era la primera vez que le pasaba en
cinco años de profesión. Siempre fue muy tímida y le costaba abrirse a los
demás, pero sabía escuchar y eso la ayudaba en su ocupación. Trabajaba en Baixa
cerca del puerto en una casa preciosa de Madame de Ros. Todo era en tonos de
color rosa; los sillones de raso, las lamparitas, las paredes y los muebles decorados
con ángeles.
Los clientes de tradición portuaria eran
los usuarios activos del burdel y la leyenda cuenta que hacían la promesa a la
virgen de hacer feliz a una mujer si se salvaban de la mala mar.
Audun, marinero noruego, de familia
humilde y madre portuguesa, joven e inexperto ancló un día en el burdel.
Necesitaba beber y olvidar. Había sido una mala semana. Una tempestad los
retuvo en alta mar y temió perderse en la oscuridad.
Valentina lo vio y se acercó pausadamente para atrapar a ese
hombre, la noche estaba tranquila. Para Audun fue como una aparición, una
sirena como en sus sueños que venía a salvarlo. Toda ella era poesía.
Para el noruego ya no había dudas, se
había enamorado. Para Valentina un ángel la había conquistado.
Ya no era un entretenimiento sexual, ya
no era vicio, era una necesidad superior a su voluntad.
La leyenda se había cumplido.
Cena
en casa. Chocolate con pastas que compramos en Belem y tertulia hasta la
madrugada. Toca despedirse.
Día 10
Dejamos
el piso temprano después de un desayuno ligero. El día está gris, como nuestro
ánimo. Tenemos un pequeño percance con la furgo. Un espejo retrovisor roto.
Nada grave.
El
libro Memorial del Convento de Saramago, nos requiere una parada obligatoria
en Mafra.
El
Palacio nacional de Mafra es un
edificio barroco construido por el rey Juan V. Una promesa que hizo a su mujer la
archiduquesa María Ana de Austria si le daba descendientes. Después de nacer la
princesa Bárbara de Braganza hizo que el rey iniciara las obras.
La construcción
que en un principio era para trece frailes franciscanos, pero con la llegada
masiva de oro de Brasil hizo que el rey Juan cambiase de planes y se decidiera
por la construcción de un gran palacio que movilizó a más de 52.000
trabajadores. Ubicaron a 330 frailes franciscanos y se inauguró en 1730.
Es
mediodía y a dos horas de Oporto, en Mealhada, paramos a comer. Típico de la
zona: los lechones en “Casa Pedro dos Leitoes”. Comer es un placer.
Pasando Oporto nos sorprende una tormenta de viento y fuertes lluvias que nos hace
viajar en silencio. Tensos no perdemos de vista el asfalto que por momentos se
cubre con una pátina de agua resbaladiza. Aumenta la tensión el hecho de que la furgoneta tiene que estar antes de las siete de la tarde en el
arrendatario. No hubo risas, ni bromas. Tal vez nostalgia.
Llegamos
sanos y salvos, a la hora prevista, con un temporal que nos hizo estremecer.
Hoy
dormiré en casa, en mi cama.
Te
eché de menos hogar.