jueves, 15 de diciembre de 2016

RELATOS NA RÚA III

                             
         –NUNHA MALETA CABEN TODOS OS VENTOS–
          RELATO GAÑADOR "RELATOS NA RÚA III"  
             VIGO HISTÓRICO - DECEMBRO 2016






Aquí déixovos un anaco do relato para abrir boca  ...



"Para María Xenoveva non ía ser ese triste final que pensaban as mozas con ese aire de crueldade inocente, ríndose da solteirona que quedou para vestir santos. Ela que se paseaba tan airosa e displicente pola rúa do Principe. Non, Veva non buscará a sombra da camelia para chorar nunca máis. Non será ese o seu final"









OPORTO - A CIEGAS - Cuaderno de viaje (traducido del gallego)



Día 1

¡Clara! ... ¿tengo que llevar toalla?
Así comienzan los preparativos de mi viaje a Oporto.
Un sol perezoso, en esta tarde de invierno, traspasa suave mi ventana dejando una estela de confort, acariciándome mientras escribo estas líneas.
 Al fondo un murmullo de palabras emerge del televisor. Están con el parte, anuncian buen tiempo para este fin de semana. Estamos de suerte.
Estoy feliz. No conozco aún a los compañeros de ruta, pero nos une las ganas y deseos de compartir palabras, emociones y risas.
Mi alma rueda camino de Oporto.
Os dejo unas palabras de Pessoa; tarea que tenemos que hacer:
“No saber de un mismo: eso es vivir”
“Saber mal de un mismo: eso es pensar”

Buenas noches día.





Día 2

El debate de Afirma Pereira,  nos tiene todo el día entretenidos con chorradas que tienen un buen fin: conocer sin reserva el libro de Antonio Tabucchi. En esta ocasión no escapamos de Portugal como hizo Pereira, más bien nos afianzamos en Oporto.
La tarea en esta mañana, algo oscura y con una brisa caliente, es encontrar tres iglesias y dos capillas: iglesia de las Carmelitas, la de los Congregados, la de Sano Ildefonso,  la capilla de la Torre de los Clérigos y la de las Almas. Vamos cómo chiquillos, ilusionados, con un jaleo descontrolado en la búsqueda de un tesoro.
Y allí está, situada en la parte alta, erguida y orgullosa, la capilla y la torre de los Clérigos. Es de arquitectura barroca y rococó construida en el siglo XVIII.  La belleza de la Iglesia y torre representan a la ciudad de Oporto. Las horas se marcan a golpe de carillón, aunque en esta ocasión no tenemos el placer de escuchar el himno de la alegría.

Capilla y torre de los Clérigos





Un poco más allá, pasando por la Livraria Lello, divisamos la Iglesia do Carme. Ocupando un lugar privilegiado en la plaza cerca del jardín de la cordoería. A su lado el convento de las Carmelitas, también de estilo rococó. Tiene dos fachadas en granito; la principal de tres alturas coronada  con una cruz y estatuas  de dos evangelistas. Y en un lateral, cubierta con azulejos azulados la imposición del escapulario en el monte Carmelo. ¡Es grandiosa!
La Capilla de las almas ya es cómo de la familia, pasamos delante de ella todos los días. Está en la calle Catarina. Se diferencia de las demás porque está revestida en su totalidad de azulejos; es del siglo XVIII. ¡Enamora!




Capilla de las Almas









Iglesia do Carme







Entre iglesia y capilla una paradita, deleitándonos con un vino de oporto para entrar en situación. Las risas ya están sueltas y no hay manera de contenerlas. De momento sólo hallamos tres de las cinco.

 Al atardecer el tiempo enfrió, una lluvia fina nos empapa. En el café Guaraní, clásico y elegante, nos resguardamos. Sostiene la puerta el bedel para que podamos pasar. En el interior las mesas son de piedra, de las paredes penden dos murales con retratos de indígenas. No tenemos la suerte de escuchar la música en directo o los fados de los que tanto hablan.
La tarde rinde y salen algunos relatos.
Finalizamos la noche en un restaurante pequeño, con sabor de hogar acaramelado por el un vino verde de la casa. Nos capta en la calle Tania  con una dulzura que no pudimos rechazar. Esa joven es un sostén importante para ese lugar.
Cenamos pinchos de bacalao, francesinha y carne a la parrilla. Todo humedecido con fado.  Muy buena noche, no echamos nada a faltar excepto algún secreto oculto que no viene al caso contarlo.
Pero como no soy Pereira, lo contaré: hicimos cola en la salida del aparcamiento. Teníamos entumecida la cordura con tanto vino y subimos en el coche sin pagar antes de recogerlo. Más risas.
Ya habíamos olvidado el percance de la mañana. Estuvimos encerrados en el sótano un tiempecito. El ascensor no iba y al grito de la campana nadie atendió. El explorador Stanlei saltó como si estuviera jugando a la comba y se puso en marcha. Suerte que tuvimos. Nervios y muchas risas.


  
RELATO                       La mal pagá

La cantante de fado  en el restaurante Duero, no es lo que pensábamos: es una mujer dañada por la vida...Graciela...
Un buen día se acerca a Graciela, un hombre bien parecido, su piel luminosa color chocolate y su cabello rizado del color del carbón atrapó a la joven muchacha. El muchacho venía en la búsqueda de sus raíces lucenses. Los padres farmacéuticos habían emigrado a Angola para hacerse un futuro.
Graciela, una mujer sin estudios y sin familia, pero ávida de aventuras y de dinero, no paró hasta encandilar al recién llegado a Oporto. La joven no era muy agraciada por lo que tuvo que discurrir un plan.
Con todo calculado, y en el preciso momento que el favorito pasaba delante de ella, esta tropezó y cayó a sus pies. Él, caballero y de buena familia, se prestó a ayudarla. Los encantos de Graciela se mostraron al joven muchacho en todo su esplendor quedando este prendado.
Se casaron y marcharon para Angola.

            Habían pasado tres años y dos hijos, pero Graciela no se adaptaba a ese país. Encarcelada en su propia casa, luchaba por una república independiente. Temía contagiarse de enfermedades infecciosas que asolaban la región y no se llevaba con la suegra. Escapó. No contaba con que no le dieran un duro. Perdió a ese hombre por no quererlo lo suficiente. Lo que no sabía es que le iba a doler tanto la pérdida de las hijas. Quedó vacía.
Sin dinero y sola tocó fondo, hasta que un alma caritativa le dio un lugar para dormir. Pero Graciela era avispada y la enseñaron a cantar fado. Ahora se ocupa en eso, cuenta su vida por la ciudad de los puentes.
Su presencia, vestida de negro, con la cara oscura y  un rictus de dolor, la hacen más apetecible para narrar la tristeza y el desgarro, convirtiendo la aflicción en belleza.

Restaurante Duero




  
Dia 3
Son las ocho y media de la mañana y ya estamos con el desayuno. De lujo. Bufet, todo dispuesto en el comedor, zumo, leche desnatada, de avena, café, galletas, tostadas de aceite... Desde la ventana se divisa toda la ciudad.
Apunta que hoy vamos a tener un buen día.

Los exploradores Stanlei y Linvingston ya están discurriendo un plan donde comer económico. Mientras Clara nos da los deberes del día.
Estamos esperando el tranvía en el centro, cerca de la magnífica estación del tren. San Bento, un monumento en el centro de la ciudad. Fue hasta el siglo IX un antiguo convento. Al traspasar el umbral un aire melancólico nos acaricia la cara. Altiva, de sus paredes adornan veinte mil azulejos. Un mosaico digno de admiración. El apresurar de las gentes nos rescata del recogimiento.

Estación del tren San Bento





Hace un sol de justicia. Poco a poco vamos desprendiéndonos del abrigo, y todo lo que el decoro nos deja. El tranvía que nos llevará hasta la desembocadura del Duero en el océano, está tardando. Delante de mí un personaje me atrapa. Ya tengo enfilada una historia para mañana.
Sentados en el tranvía pasamos por debajo del puente de la Arrábida. Una belleza en el trenzado.  El día está lleno de colores y sabores .La calidez del aire que entra por la ventana calma los calores anteriores en la parada.  En la otra orilla está Villa Nueva de Gaia, con las afamadas bodegas a lo largo de la ribera.
Almorzamos en un bar llamado  Bartolo,  típico portugués. La verdad que hace honra a su nombre. Tardaron más de una hora en servir. Cuando unos finalizaban otros empezaban a comer. Este no lo recomendamos. Los exploradores Stanlei y Linvingston  no tienen culpa.


RELATO                       El salto de los amantes

El río Duero llega sosegado después de la lucha vivida a lo largo de su recorrido. Desde su nacimiento en Fuentes del Duero el perfil ya está marcado, fluyendo por las villas y ciudades a su paso, vaciándose de vez en cuando en las fincas de alrededor. Tiene tramos de peligro y con las lluvias del invierno se forman arribes. Llegando siempre a tiempo a los brazos de su  soñado y amado  océano.
Este, llega la playa de los ingleses luchando contra  dragones que anidan en su ser a lo largo de todos los mares.
Cuando Duero traspasa la lengua de arena, último obstáculo que los separa, el beso es turbio, caprichoso y enraizado. Con la puesta de sol, río y océano se aman. Las ondas hacen espuma al romper en la arena hasta que se adormecen. Él ofreciéndole su dulzura y el océano su fiereza con sabor a sal.
Es de tal belleza, que hombres y mujeres acuden a verlos danzar. Niños a sabiendas de tanta expectación, las cabrioladas cada vez son más excitantes robando gritos de placer a la muchedumbre.




La muerte del Duero





Las sombrillas se cierran. El espectáculo se aletarga. Las manos se calientan alrededor de una taza con tisana y una leve sonrisa nos emboba la cara acompañando al atardecer. El rumoreo de esta unión apaga las voces. Solo silencio. Los ojos de fuego de los catamaranes vigilan que, una vez más, se cumpla lo que está destinado a ser; y la luna viene a saludar, menguante, para no  robarle protagonismo a los amantes.

Por fin encontramos la  Iglesia de los Congregados, entre la estación de san Bento y el metro. El vestíbulo es de azulejos y pinturas murales con escenas de la vida de San Antonio ¡Maravillosa!
Esta noche cenamos en casa. Tertulia y lectura de relatos hasta bien entrada la noche.  Un placer. Ya somos una familia.

Día 4
Cada día estamos más cómodos en el piso. Tiene cinco habitaciones y tres baños. Menos una que duerme sola, los demás están acompañados. Miento, uno de ellos acampa en el sofá. Las bromas están por las esquinas, a escondidas, a la espera de que alguien las encuentre. Mientras, los exploradores salen a hacer las pertinentes  pesquisas para comer, nosotros trabajamos con rigor en una leyenda.
Almorzamos en la “casa de pasto el Delfín”. El dueño se llama Silva, cosas del destino –personaje de Afirma Pereira–. Está cerca de la capilla do Carme, en la calle Oliveira. Esquina con el bar “Tenemos quasi todo”.
Esta vez y como siempre, tenemos que dar las gracias a Stanlei y Linvingston acertaron de lleno con la casa de comidas. Riquísimo todo.
En la calle cerca de la casa donde almorzamos, compramos libros viejos para la familia en una librería con  mucho encanto.


LEYENDA                  Las guardianas del saber

El jefe es ese hombre que tiene apariencia de persona enferma. El cabello negro carbón le cae hasta los hombros. Calza unas zapatillas deportivas blancas: una la lleva a modo de chinela. Arrastra con la mano derecha una zamarra roja por la calle empedrada y con la izquierda hace palanca para no caer.  Su cara es  redonda y  está desfigurada, mezcla de alcohol y sustancias. Camina por el centro de los raíles del tranvía para no perderse de sí mismo. Aleja las palomas, las únicas que podrían delatarlo. No consigue ir más allá de la orilla del río.
Todo es pantalla, una careta ¿Quién se va a fijar en un borracho? Más bien los portuenses se alejan.
Las cinco iglesias están en la mirada de las castañeras, colocadas estratégicamente enfrente. Los extraterrestres siempre aparecen por el puente de la Constitución, cuatro días al año.
El clero es quien tenía el conocimiento, el poder. En los templos se guarda todo el saber desde tiempos inmemoriales. Siempre supieron que otras culturas vendrían algún día a robárselo. Y crearon las castañeras, aliadas de la humanidad que  neutralizan la maldad. Son intocables: el fuego de las castañas las protegen.
Colocadas en las esquinas de las iglesias, las castañeras vigilan a los extranjeros y portuenses. Desarrollan una cualidad, los hombres pierden el interés al probar la fruta; los deja drogados y olvidan lo que venían a hacer.
Las misiones nunca se llevan a cabo. Los extraterrestres se van devuelta desmemoriados.
Este año la acometida es del jefe que disfrazado de un hombre borracho, intenta cruzar la urbe. Los caminos de hierro del tranvía lo ayudan para que no se desvíe y llega hasta la capilla de los Clérigos. La castañera lo llama ofreciéndole la fruta de la inconsciencia. Empeñado en cumplir la misión él no hace caso, sigue adelante. Pero se encuentra con unos ojos más negros que la noche. Son su perdición. La joven de quince años no precisó de castañas, simplemente sonrió. La aprendiz de castañera convirtió al extraterrestre en un humano perdidamente enamorado.
Y colorín colorado... afirma la castañera.

Esta noche cenamos en el piso. Calientes, descansados y felices. El día se nos deslizó entre las manos.


Último día

No sé explicar bien la sensación que tengo en esta mañana soleada. Tomamos fotos para rememorar el momento de las despedidas. Con promesas de volver. Recogemos el equipaje y nos besamos... hasta pronto.

Próximo destino Lisboa, la ciudad de la luz.



RELATO                Sabores de otra época
En las manos una fotografía del mercado de Bolhao. No sé de cuando es, lo que sí es cierto, nada tiene que ver con el de hoy.

Mercado de Bolhao en la actualidad.




Cerca de la Avenida de los Aliados, está el mercado. Una de las zonas más animadas de la ciudad. Tiene varios pisos distribuidos en torno a un gran patio central. En el interior de este decadente edificio está la esencia de la ciudad. Hay  tiendas  que nos transportan a los años veinte. Aunque se caiga a trozos, el mercado de Oporto es uno de los edificios más emblemáticos de la urbe.
El sabor y el olor se mezclan en una obra poética de resistencia al tiempo.
La música de Cesarea    Évora   en el   chillout  donde escribo estas palabras y la cerveza que degusto me complace enormemente.
El sol dándome en la espalda me envuelve, y lo sonidos de la campana de la Torre de los Clérigos me despierta del dulzor melancólico de la música.
El aroma de los olivos cerca de la  Livraria Lello con una cola de personas impacientes por entrar, entusiasma a los viajeros.
Évora  lo envuelve todo. El mercado en el  chillout  está conmigo, pegado, abrazándome.

Gracias Oporto





Un paseo por Oporto, del tres al  seis de Diciembre 2016


martes, 13 de diciembre de 2016

PORTO - A CEGAS - Diario dunha viaxe


            Día 1

Clara! ... preciso levar toalla?
Así comezan os preparativos da miña viaxe a Porto.
Un sol preguiceiro, nesta tarde de inverno, traspasa suave a xanela deixando un ronsel de pracer, acariñándome mentres escribo estas liñas.
 Ao fondo do cuarto un murmurio de verbas emerxen do televisor. Están co parte, anuncian bo tempo para a fin de semana. Estamos de sorte.
Estou feliz. Non coñezo aínda aos compañeiros de ruta, pero únenos as ganas e desexos de compartir verbas, emocións e risos.
A miña alma roda camiño de Porto.

Déixovos unhas palabras de Pessoa; tarefa que temos que facer:
“Non saber dun mesmo: iso é vivir”
“Saber mal dun mesmo: iso é pensar”

Boa noite día.

Día 2

O debate de Afirma Pereira, tennos todo o día entretidos con parvadas que teñen un bo fin: coñecer sen reserva o libro de Antonio Tabucchi. Nesta ocasión non escapamos de Portugal como fixo Pereira, se non que nos afianzamos en Porto.
A tarefa nesta mañá, algo escura e cunha brisa quente, é atopar tres igrexas e dúas capelas: igrexa das Carmelitas, a dos Congregados, a de San Ildefonso e a capela da Torre dos Clérigos e a das Almas. Imos como rapaces, ilusionados, cunha xolda descontrolada na procura dun tesouro.
E alí está, situada na parte alta, erguida e orgullosa, a capela e a torre dos Clérigos. É de arquitectura barroca e rococó construída no século XVIII.  A beleza da Igrexa e torre representan a cidade de Porto. As horas márcanse a golpe de carillón, aínda que nesta ocasión non temos o pracer de escoitar o himno da alegría.

       Capela e torre dos Clérigos



Un pouco máis aló, pasando pola Livraria Lello, divisamos a Igrexa do Carme. Ocupando un lugar privilexiado na praza preto do xardín da cordoería. Ao seu carón, o convento das Carmelitas, tamén de estilo rococó. Ten dúas fachadas en granito; a principal de tres alturas coroada  cunha cruz e  estatuas de dous evanxelistas. E nun lateral, cuberta con azulexos azulados a imposición do escapulario no monte Carmelo. É grandiosa.
A Capela das almas xa é como da familia, pasamos diante dela tódolos días. Está na rúa Catarina. Diferénciase das demais porque está revestida na súa totalidade de azulexos. A capela é do século XVIII. Namora!

   IIgIgr      Capela das Almas



Igrexa do Carme



Entre igrexa e capela unha paradiña, deleitándonos cun viño de porto para entrar en situación. As risas xa están soltas e non hai maneira de contelas. De momento só achamos tres das cinco.

 Á tardiña o tempo arrefriou, unha choiva fina enchóupanos. Resgardámonos no café Guarany, clásico e elegante, sostén a porta o bedel para que poidamos pasar. No interior as mesas son de pedra, das paredes penden dous murais con retratos de indíxenas. Non temos a sorte de escoitar a música en directo ou os fados dos que tanto falan.
A tarde rende e saen algúns relatos.
Rematamos a noite nun restaurante pequeno, con sabor enxebre, acaramelado polo un viño verde da casa. Cáptanos na rúa Tania cunha dozura que non puidemos rexeitar. Esa moza é un sostén importante para ese lugar.
Ceamos petiscos de bacallau, francesinha e carne á grella.Todo humedecido con fado.  Moi boa noite, non botamos nada a faltar agás algún segredo oculto que non vén ao caso contalo.
Pero como non son Pereira, contareino: fixemos cola na saída do aparcadoiro. Temos entumecida a cordura con tanto viño e subimos no coche sen pagar antes. Máis risas.
Xa esqueceramos o contratempo da mañá. Estivemos pechados no soto un tempiño. O ascensor non ía e ao grito da campá ninguén atendeu. O explorador Stanlei saltou coma se estivese xogando á corda e púxose en marcha. Sorte que tivemos.

   
RELATO                        La mal pagá

A dona que canta fado no restaurante Douro, non é o que pensabamos, é unha muller mancada pola vida...Graciela...
Un bo día achégase a Graciela, un home ben parecido, a súa pel luminosa cor chocolate e o seu cabelo rizado da cor do carbón atraparon á rapaza. O mozo viña na procura das súas raíces lucenses. Os pais farmacéuticos emigraran a Angola para facerse un futuro.
Graciela, unha muller sen estudos e sen familia, pero ávida de aventuras e de cartos, non parou ata encandear ao recen chegado a Porto. A moza non era moi agraciada polo que tivo que argallar un plan.
Con todo calculado, e no intre que o favorito pasaba diante dela, esta tropezou e caeu aos seus pes. El, cabaleiro e de boa familia, prestouse a axudala. Os encantos de Graciela mostráronse ao rapaz en todo o seu esplendor quedando este  engaiolado.
Casaron e marcharon para Angola.
Pasaran tres anos e dous fillos, pero Graciela non se adaptaba a ese país. Carcereira na propia casa, loitaba por unha república independente. Temía contaxiarse de enfermidades infecciosas que asolaban a rexión e non se levaba coa sogra. Liscou. Non contaba con que non lle deran un can. Perdera a ese home por no querelo o suficiente. O que non sabia e que  lle ia doer tanto a perda das fillas. Ficou baleira.
Sen cartos e soa tocou fondo, ata que unha alma caritativa lle deu un lugar para durmir. Pero Graciela era espelida e aprendérona a cantar fado. Agora ocúpase niso, conta a súa vida pola cidade das pontes.
A súa presenza, vestida de negro, coa faciana escura, e cun ricto de dor, faina máis apetecible para narrar a tristura e o desgarro convertendo a aflición en beleza.

Restaurante Douro



Día 3

Son as oito e media e xa estamos co almorzo. De luxo, no comedor, de bufet, temos de todo, zume, leite desnatada, de avena, café, galletas, tostas de aceite e moitas máis cousas. Dende a xanela divísase toda a cidade. Apunta que hoxe imos ter un bo día.
Os exploradores Stanlei e Linvingston xa están a argallar un plan para xantar económico. Mentres Clara dános os deberes do día.
Estamos esperando o tranvía no centro, preto da magnífica estación do tren. San Bento, un monumento no centro da cidade. Foi ata o século IX un antigo convento. Ao traspasar o limiar un aire melancólico acaríñanos a faciana. Altiva, das súas paredes adórnanas vinte mil azulexos. Un mosaico digno de admiración. O bulir das xentes espértanos de tanta beleza.

Estación do tren S. Bento


Fai un sol de xustiza. Aos poucos imos desprendéndonos do abrigo, e todo o que o decoro nos deixa. O tranvía que nos levará ata a desembocadura do Douro no océano, está a tardar. Diante miña un personaxe atrápame. Xa teño enfilada unha historia para mañá.
Sentados no tranvía pasamos por baixo da ponte da Arrábida. Unha beleza no trenzado.  O día está cheo de cores e sabores .A calidez do aire que entra pola fiestra calma as calores anteriores na parada.  Na outra beira está Vila Nova de Gaia, coas afamadas bodegas ao longo da ribeira.
Xantamos nun bar chamado Bartolo, típico portugués. A verdade que fai honra ao seu nome. Tardaron máis dunha hora en servir, e aos poucos. Cando uns remataban outros empezaban a xantar. Este non o recomendamos. Os exploradores Stanlei e Linvingston  non teñen culpa.


RELATO                       O brincar dos amantes

O río Douro chega sosegado despois da loita vivida ao longo do seu percorrido. Dende o seu nacemento en Fontes do Douro o perfil xa está marcado, fluíndo polas vilas e cidades ao seu paso, baleirándose de cando en vez nas leiras derredor. Ten tramos de perigo e coas choivas do inverno fórmanse arribes. Chegando a tempo aos brazos da seu  soñado e  amado océano.
Este, chega a praia dos ingleses loitando contra os dragóns que aniñan no seu ser ao longo de tódolos mares.
Cando Douro traspasa a lingua de area, derradeiro obstáculo que os separa, o bico é turbulento, caprichoso e enraizado. Coa posta de sol, río e océano ámanse. As ondas fan escuma ao romper na area ata que adormecen. El dándolle a súa dozura e o océano a súa braveza con sabor a sal.
É de tal beleza, que homes e mulleres acoden a velos danzar. Pícaros a sabendas de tanta expectación, as cabrioladas cada vez son máis excitantes roubando berros de pracer ao xentío.

A morte do Douro


Os parasoles péchanse. O espectáculo adormece. As mans quéntanse arredor dunha cunca con tisana e un leve sorriso ao solpor. O rumoreo desta unión aquieta as voces. Só silencio. Os ollos de lume dos catamaráns emerxen no mar vixiando que, unha vez máis, se cumpra o que está destinado; e a lúa  vén  saudar, minguante, para non lle roubar a atención aos namorados.

Por fin atopamos a a Igrexa dos Congregados, entre a estación de san Bento e o metro. O exterior de azulexos e pinturas murais con escenas da vida de San Antonio. Marabillosa.
Esta noite ceamos na casa. Faladoiro e lectura de relatos ata ben entrada a noite.  Un pracer. Xa somos unha familia.

Día 4

Cada día estamos máis cómodos no piso. Ten cinco cuartos e tres baños. Menos unha que durme soa, os demais están acompañados. Minto, un deles acampa no sofá. As bromas están polas esquinas, ás agachadas, a espera de que alguén as atope. Mentres, os exploradores saen a facer as pertinentes pesquisas para comer, nos traballamos a reo nunha lenda.
Xantamos na “casa de pasto O Golfiño”. O dono chámase Silva, cousas do destino –personaxe de Afirma Pereira–. Está preto da capela do Carme, na rúa Oliveira. Esquina co bar “Temos quasi todo”.
Esta vez e como sempre, temos que dar as grazas a Stanlei e Linvingston acertaron de cheo coa casa de comidas. Riquísimo todo.
Na rúa preto da casa onde xantamos aos poucos, mercamos libros vellos para a familia.


LENDA                  As gardiáns do saber

O xefe é ese home que ten aparencia de persoa enferma. O cabelo negro carbón cáelle ata os ombreiros. Calza unhas zapatillas deportivas brancas: unha lévaa a modo de chinela. Arrastra coa man dereita unha zamarra vermella e coa esquerda fai panca para non caer.  A faciana é  redonda e desfigurada, mestura de alcol e sustancias. Camiña polo centro dos riles do tranvía para non perderse de si mesmo. Afasta as pombas, as únicas que poderían delatalo. Non consegue ir máis aló da beira do río.
Todo é pantalla, unha careta  –Quen se vai fixar nun borracho? Máis ben os portuenses afástanse.
As cinco igrexas están na mirada das castañeiras, colocadas estratexicamente enfronte. Os extraterrestres sempre aparecen pola ponte da Constitución, catro días ao ano.
O clero é quen tiña o coñecemento, o poder. Nos templos  gardase todo o saber dende tempos inmemoriais. Sempre souberon que outras culturas virían algún día a roubarllo. E crearon as castañeiras, aliadas da humanidade neutralizan a maldade. Son intocables: o lume das castañas  protéxenas.
Colocadas nas esquinas das igrexas, as castañeiras vixían aos estranxeiros e portuenses. Desenrolan unha calidade, os homes perden o interese ao probar a froita; déixaos como drogados e esquecen o que viñan facer.
As misións nunca se levan a cabo. Os extraterrestres van devolta desmemoriados.
Este ano a acometida e do xefe que disfrazado dun home bébedo, tenta cruzar a urbe. Os camiños de ferro do tranvía axúdano a que non se desvíe e chega ata a capela dos Clérigos. A castañeira, chámao ofrecéndolle a froita da inconsciencia. Empeñado en cumprir a misión el non fai caso, segue adiante. Pero atópase cuns ollos máis negros que a noite. Son a súa perdición. A moza de quince anos non precisou de castañas, simplemente sorriu. A aprendiz de castañeira converteu ao extraterrestre en humano perdidamente namorado.
E colorin colorado ... afirma a castañeira

Esta noite ceamos no piso. Quentes, descansados e felices. O día deslizóusenos entre as mans.


Derradeiro día

Non sei explicar ben a sensación que teño nesta maña soleada. Facemos fotos para rememorar o momento das despedidas. Con promesas de volver, recollemos a equipaxe e bicámonos... ata pronto.

Próximo destino Lisboa, a cidade da luz.



RELATO                Sabores de outrora

Nas mans unha fotografía do mercado de Bolhao. Non sei de cando é, o que si é certo e que nada ten que ver coa de hoxe.

mercado de Bolhao na actualidade.


Preto da Avenida dos Aliados, está o mercado. Unha das zonas máis animadas da cidade. Ten varios andares distribuídos en torno a un gran patio central.. No interior deste decadente edificio está a esencia da cidade. Hai unha morea de tendas transportándonos aos anos vinte. Aínda que caia a anacos, o mercado de Porto é un dos edificios máis emblemáticos da urbe.
O sabor e o fedor mestúranse nunha obra poética de resistencia ao tempo.
A música de Cesarea Évora no chillout onde escribo estas palabras e a cervexa que degusto embriágame de pracer.
O sol dándome nas costas envólveme, e o son da campá da Torre dos Clérigos espértame do adormecemento.
O recendo das oliveiras preto da  Livraria Lello cunha ringleira de persoas impacientes por entrar, entusiasma aos viaxeiros.
Évora envólveo todo. O mercado no chillout está comigo, pegado, abrazándome.
Grazas Porto




Paseo por Porto, do tres ata o seis de Decembro 2016