martes, 21 de junio de 2016

DOUCHE A MIÑA PALABRA - Día das letras galegas


Levamos toda a nosa vida amando a palabra e  fuxiu envolta no vento do norte.
Ve á súa busca. Atopa as verbas afogadas, solapadas polo canto das sereas. Fálame do atardecer, do bosque despois da choiva. De ollos verdes.
Deléitame cun gran festín de novas voces, fermosas, esculpidas a tinta nese papel en branco. Deixa nun recuncho da túa imaxinación, pechado con vinte cadeados, as que queiman: guerra, bomba, naufraxio, envexa...
Só amor.

Regresa aos meus beizos, sen tormenta, sen choiva. Sen lodo.

domingo, 19 de junio de 2016

ESE TANGO. Semifinalista en IV certame de MicroCatroRelatos del Café de Catro a Catro. (Traducido al español, texto original en gallego)


Con el pie desnudo, Lola busca el fresco en los rincones de las sábanas de algodón. No duerme, le da vueltas a una historia. No tiene sosiego. Estas noches de insomnio el cuerpo aún recuerda el somnífero. Esa píldora blanca tan fácil de tragar y de la que ella sabe tanto.
            –Probaré el método -dos -cuatro -siete para quedar dormida en un minuto. Dicen que es infalible.
–Uno:    cojo aire por la nariz durante cuatro segundo.
–Dos:     Mantengo ese aire en los pulmones…

¡Esas noches! Lola recuerda y esboza la sonrisa de la nostalgia: viernes delante del espejo. El perfilado del ojo. El cabello recogido en moño bajo. Zapatos de tacón alto, negros, como el vestido de espaldas desnudas. El único adorno es un collar de cuentas de cristal de roca. Rematada la faena se besa en la imagen que le devuelve el espejo. A su paso un rastro de perfume mezclado de carmín frambuesa de sus labios.
Salía a bailar tango. La enseñó un amor loco que dejó atrás en Buenos Aires. Conoció la felicidad al lado del porteño. Tiene nostalgia de sus manos, grandes, de dedos finos y largos.
La despierta de su ensoñación el timbre de la puerta que la hace saltar de la cama. Son las ocho de la mañana.
Alborozada entra la peluquera llena de cachivaches y, detrás de ella, la modista con el vestido de novia, blanco  inmaculado.
– ¡No me caso! ¡Solo estoy embarazada! ¡Es un error! … voy a vomitar.
            – ¡Pero Lola, enloqueciste! ¡Estás de cinco meses! ¿Qué vas a hacer!
Por el watsapp del grupo de boda, cancela el enlace.
–Ya se encargarán de divulgar la noticia.

Ella regresa al calor del hogar, a la felicidad extrañada. A bailar tango
Pintura de la artista plástica Encarna Orero



jueves, 16 de junio de 2016

EL ÚLTIMO VIAJE - Finalista del II certamen de relato corto "El otoño en las islas" Organizado por el Parque Nacional Islas Atlánticas.

Traducido del gallego
Es otoño, diez de noviembre del dos mil quince. Estoy en el Parque Nacional de la isla de Ons, cerca del Agujero del Infierno. En este mes, como todos los años desde hace cincuenta, hago el mismo recorrido por las islas Atlánticas. Cíes, Sálvora, Cortegada... Es un ritual.
A mi lado una muchachita de doce años, mi bisnieta, que se empeñó en acompañarme este día. Creo que es cosa de mi mujer, dice que ya va siendo hora que le deje en herencia mis sentimientos, que la enseñe a amar lo que yo tanto quiero.
Caminamos despacio, el día está claro, sin nubes. Es un otoño seco como no se recuerda. La tierra desprende vida con aroma a música y a sal, dejando huella en nuestra piel. Las hierbas de enamorar trepan por la roca, hermosas, entre los matorrales.
La niña está asombrada de la belleza del azul prusiano del océano, de las aguas disfrazadas de verano, del viento fresco marinero y suave que le hace caricias. Me pregunta:
-           Bisabuelo, ¿por qué las hojas de los árboles tienen tantos colores?
El equinoccio del otoño es un regalo para la vista. -¿hueles las hojas?, huele a ocres, verdes, amarillos y rojos. Bailan en los pinos, en sauces y en robles antes de caer ayudadas por el viento del norte.
Nos sentamos cara al sol para reponer fuerzas y picar un poco de queso. En la lejanía,  la golondrina real a punto de emigrar a un lugar cálido. Y una bandada de gaviotas vuela por encima de nuestras cabezas si perder de vista la comida.
En esta fecha, ya libre de turistas, se escucha el ruido que hace el oleaje en el mar. Al este las olas caminan con las puntas de los pies hasta la playa y en el oeste rompen en el acantilado.
¡Enamora!
 La isla se recupera de sobresaltos, motores de lanchas, y el rugir de los barcos llenos de gente.
El otoño se prepara con su manto de esperanza. La humedad de la estación es libertad para los seres vivos que se abrigaban del verano. Seguimos caminando, el último tramo es estrecho. La elevación del sendero me ahoga. La niña dice que puede tocar el cielo y el mar con las manos, -bendita sea- juega en las rocas calientes por el sol del mediodía.
Las dunas en la playa se están formando ayudadas por el viento. Alrededor las hierbas de San Juan que perduran del verano, esbeltas, perfumando el aire. Si prestas atención, escuchas las conversaciones de los pájaros, sus secretos, como se cuentan la vida el camachuelo y el mirlo. El galanteo de las palomas...
Yo también estoy en el otoño de mi vida.
-           ¿Bisabuelo, me cuentas un cuento? ¿Sí? ¿Puede ser de aventuras?
-           Te contaré  una leyenda…
Hace muchos años una sirena vivía en la isla, en el agujero del Infierno, cerquita de donde estamos. Nadie la vio, pero dicen que viajaba escondida en una embarcación y...
-           shhh... cierra los ojos
La noche llegó galopando a hombros de un centauro, seguida de relámpagos y truenos que iluminaron el cielo, abriéndose en abanico las lluvias torrenciales. Las olas rugían turbias elevando el mar.
Un galeón corsario desafiando las tormentas continuaba el viaje y un centenar de marineros trabajaban a destajo hundiendo los remos en el agua espumante. Guillermina, así se llamaba el mascarón de proa, altiva y desafiante surcaba las aguas de las islas Atlánticas donde habitaba la sirena, que inducida por un espíritu con apariencia de serpiente, atrajo al capitán con su voz mágica de seducción.
¡Fue la perdición del oficial!
Quedó atrapado en el interior de una botella. Impotente, no pudo hacer otra cosa que confiar en la tripulación.
El viento silbaba sin descanso. Los marineros, sabedores del peligro, pidieron ayuda en murmullos a “Eurínome”, la diosa de todas las cosas.
El color violeta en el horizonte anuncia el nuevo día, tras él, un sol temeroso. Alrededor del galeón volaban los seres que acudían a las súplicas de los navegantes:
“Arpía”, la mano derecha de Zeus. Veloz y poderosa de los vientos tormentosos e infortunios.
“Dragón”, el volador, de color blanco, lanzador de conjuros. Y “Pegaso”, el caballo volador que transporta los rayos de Zeus.
La tripulación guiada por los seres divinos cogió fuerzas, y, sin desfallecer, ya cerca de la isla de Ons, tuvo otro tropiezo. Se encontraron con los malignos, guiados por la serpiente. “Leviatan”, el monstruo marino, “Kraken”, el pulpo devorador de barcos y medusas gigantes, que envolvieron el viento frenando el navío.
Ante la inminente invasión, el sol se ocultó y se manifestaron las tormentas, lluvias torrenciales y fenómenos inexplicables de seres superiores que dominaban las aguas y oleajes sin fin.
Se sumó a la cruenta batalla naval, “Pan”el dios de las brisas del amanecer y atardecer.
Así durante días y días…
A los ojos de los corsarios, los rayos de Zeus, los conjuros del Dragón y el castigo de Arpía, pudieron con la resistencia de los monstruos del mar.
Acorralada y amenazada de muerte, la serpiente, ordenó deshacer el hechizo, y en ese momento, el capitán tomó forma humana. Las vivas de sus hombres, maltratados tras  la batalla, no se hicieron esperar.
De las profundidades del océano, irrumpió Neptuno, desde su reino de castillos dorados, con su poderoso tridente y los inseparables caballos blancos cabalgando las olas, llamando a las Ninfas de la corte para que cantaran, y a los delfines y ballenas para que escoltaran la tripulación ya en aguas tranquilas y pacíficas hasta la ría.
Y el Capitán, a lomos de la Ballena mayor, llegó triunfante a puerto.
La jovencita se ríe y le pregunta al bisabuelo de dónde saca esas historias fantásticas que siempre tiene para contarle. Los besos que le da huelen a cariño, envueltos en abrazos de mil colores.
Xoán queda en trance y recuerda:
Aquella mañana, a las siete cuarenta, el diez de noviembre del cincuenta y seis, el “Ave del mar” enfilaba la puerta natural de la ría, enmarcada por las islas Atlánticas.
Un otoño nada que ver con el buen tiempo de hoy. El poderoso latir del mar, los abruptos acantilados y la niebla fueron el infortunio del barco y de los marineros.
Las noticias en los periódicos de la mañana escribían en titulares: “Naufraga el pesquero Ave del mar en la isla de San Martiño al tocar con unos bajos”. La intensa niebla...

-                 ¡Naufragar en el mar que baña la casa!

La niña responde al mimo que le hace el bisabuelo en el pelo, y lo mira de soslayo sin entender de qué habla.
Las mujeres hermosas y hechiceras, las serpientes del cuento de la bisnieta no estaban allí. Ni tampoco Arpía, ni Pegaso ni Dragón.
Hace años los cascos de los galeones se aprovechaban para hacer bateas de mejillones.
-           ¡Cosas de la vida!
No conocemos si los bancos de pescados que vivían en la ría, sargos, congrio, sardina o lubina, ayudaron batiendo las alas guiados por las gaviotas de patas amarillas o el cormorán a sostener el barco en el mar.
-           No claro que no, esto es real. Piensa para él.
-           La Virgen del Carmen también estaba ausente.
Xoán, perdió el primogénito en las aguas saladas y frías aquella mañana negra. Durante un tiempo odió las islas. Hoy las ama. Las visita en memoria y recuerdo de su hijo, padre de un bebé y marido de una mujer que le guardó ausencia durante una década con un pañuelo negro cubriéndose la cabeza. Sus lágrimas las llevó todas el mar aquel año, también el cabello castaño como el otoño, que le cambió a hilos plateados.
Hoy se despide de él, en el Agujero del Infierno, donde siempre quiso creer que en los cuarenta metros de profundidad están las almas de los que perdieron la vida en los naufragios. Así se lo contaron los paisanos. La Santa Compaña sale de la punta Centolo y recorre la isla desapareciendo por el cementerio.
-           Hijo, sé que estamos conectados con el pensamiento. Lo sé por todas las cosas que me ocurrieron a lo largo de mi vida. Ibas un paso delante de mí, abriendo camino, apartando los demonios, y el malestar de mi alma.
Lo que no me  perdono es la riña que tuvimos. Escogiste  una buena mujer. Ahora te doy la razón. ¡Lástima no darme cuenta antes!  ¡Eras tan joven para casarte!
Tu madre también está delicada. Comprende hijo que la mitad de su corazón se fue contigo.
¡Tuve una buena vida!
La hija que no viste crecer, es hoy una hermosa madre. Ella culminó mi felicidad con este torbellino, tu nieta, que es un retrato tuyo.
¡Me recuerda tanto a ti!
Mi barco también se hunde, es hora de partir, estoy en el último compás. No tengo miedo. Búscame en las tinieblas para que no me pierda. Te quiero.
Ya de regreso, con el sol del atardecer en la espalda, a la bisnieta y al bisabuelo les saca una sonrisa el delfín común, muy cerquita de ellos, haciendo cabrioladas.
15 de Julio 2016 - Auditorio edificio Cambón



A DERRADEIRA VIAXE - Finalista do II certame de relato curto "O outono nas Illas". Organizado polo Parque Naional Illas Atlánticas.



É outono, dez de novembro do dous mil quince. Estou no Parque Nacional da illa de Ons, preto do Buraco do Inferno. Neste mes, coma todos os anos dende hai cincuenta xa, fago o mesmo percorrido polas illas Atlánticas. Cíes, Sálvora, Cortegada... É un ritual.

Ao meu carón unha mociña de doce anos, a miña bisneta, que se empeñou en acompañarme este día. Creo que é cousa da miña muller, di que xa vai sendo hora que lle deixe en herdanza os meus sentimentos, que lle aprenda a amar o que eu tanto quero.

Camiñamos a modiño, o día está claro, sen nubes. É un outono seco como non se recorda. A terra desprende vida con recendo a música e a sal, deixando pegada na nosa pel. As herbas de namorar trepan pola rocha, fermosas, entre as matogueiras.

A nena está abraiada da beleza do azul prusiano do océano, das augas disfrazadas de verán, do fresco do vento mareiro e suave que lle fai acenos. Pregúntame:

- Bisavó, por que as follas das árbores teñen tantas cores?

O equinoccio do outono é un agasallo para a vista. -cheiras as follas?, ule a ocres, verdes, amarelos e vermellos. Bailan nos piñeiros, nos salgueiros e nos carballos antes de caer axudadas polo vento do norte.

Sentamos cara ao sol para repoñer forzas e petiscar un pouco de queixo. Ao lonxe, a andoriña real a piques de emigrar a un lugar cálido. E unha bandada de gaivotas voan por riba das nosas cabezas ollando para a comida.

Nesta data, xa baleira de turistas, escóitase o ruído que fan as vagas no mar. No leste as ondas camiñan coas puntas dos pés cara a praia, e no oeste rompen no cantil.

Namora!

A illa recupérase de sobresaltos, motores de lanchas, e o ruxir dos barcos ateigados de xente.

O outono chega co seu manto de esperanza. A humidade da estación é a liberdade para os seres vivos que se abrigaban do verán. Seguimos camiñando, o último tramo é estreito. A elevación do carreiro afógame. A cativa di que pode tocar o ceo e o mar coas mans, -bendita sexa- xoga nas rochas quentes polo sol do mediodía.

As dunas na praia estanse a formar axudadas polo vento. Arredor as herbas de San Xoán que perduran do verán, esveltas, perfumando o ar. Se prestas atención, escoitas as conversas dos paxaros, os seus segredos, como se contan a vida o paporrubio e o merlo. O galanteo das ruliñas ...

Eu tamén estou no outono da miña vida.

- Bisavó, cóntasme un conto? Si? Pode ser de aventuras?

Queres que che conte unha lenda?

“Hai moitos anos unha serea vivía na illa, no Buraco do Inferno, pretiño de onde estamos agora. Ninguén a viu, pero din que viaxou nunha embarcación coma polisón e...

- shhh... pecha os ollos.

“A noite chegou galopando a lombos dun centauro, seguido de relustros e tronos que iluminaron o ceo, abríndose en abano as chuvias torrenciais. As ondas ruxían turbulentas elevando o mar.

Un galeón corsario desafiando as tormentas continuaba a viaxe e un centenar de mariñeiros traballaban arreo fundindo os remos na auga escumante. Guillermina, así se chamaba o mascarón de proa, altiva e desafiante, suca as augas das illas Atlánticas onde mora a serea, que inducida pola moura con aparencia de serpe, atraeu ao capitán coa súa voz máxica de sedución.

Foi a perdición do oficial!

Quedou atrapado no interior dunha botella. Impotente, non puido facer outra cousa que confiar na tripulación.

O vento asubiaba sen descanso. Os mariñeiros, sabedores do perigo, pediron axuda en murmurios a “Eurínome”, a deusa de todas as cousas.

A cor violeta no horizonte anunciaba o novo día, tras el, un sol tremente. Arredor do galeón voaban os seres que acudían ás súplicas dos navegantes:

“Arpía”, a man dereita de Zeus. Veloz e poderosa dos ventos tormentosos e infortunios.

“Dragón”, o voador, de cor branca, lanzador de conxuros. E “Pegaso”, o cabalo voador que transporta os raios de “Zeus”

A tripulación guiada polos seres divinos colleu forzas, e sen desfalecer, xa preto da illa de Ons, tivo outro tropezo. Atopáronse cos malignos, guiados pola serpe. “Leviatan”, o monstro mariño, “Kraken”, o polbo devorador de barcos e medusas xigantes, que envolveron o vento freando o navío.

Ante a inminente invasión, o sol ocultouse e manifestáronse as tormentas, choivas torrenciais e fenómenos inexplicables de seres superiores que dominaban as augas e ondadas sen fin.

Sumouse á cruenta batalla naval, “Pan”o deus das brisas do amañecer e atardecer.

Así durante días e días.

Aos ollos dos corsarios, os raios de Zeus, os conxuros do Dragón e o castigo de Arpía, puideron coa resistencia dos monstros do mar.

Acurralada e ameazada de morte, a moura, ordenou desfacer o feitizo, e nese intre, o capitán tomou forma humana. As vivas dos seus homes, esmigallados tras da batalla, non se fixeron esperar.

Das profundidades do océano, irrompeu “Neptuno”, dende o seu reino de castelos dourados, co seu poderoso tridente e os inseparables cabalos brancos cabalgando as ondas, chamando ás Ninfas da corte para que cantesen, e aos delfíns e baleas para que escoltaran a tripulación xa en augas tranquilas e pacíficas ata a ría.

E o Capitán, a lombo da Balea maior, chegou a porto triunfante.”

A mociña ri e di ao bisavó de onde saca esas historias fantásticas que sempre ten para contarlle. Os bicos que lle dá cheiran a agarimo, envoltos en apertas de mil cores.

Xoán queda en transo e lembra:

Aquela mañá, ás sete corenta, o dez de novembro do cincuenta e seis, o “Ave del mar” enfilaba a porta natural da ría, enmarcada polas illas Atlánticas.

Un outono, nada que ver co bo tempo de hoxe. O poderoso latir do mar, os abruptos acantilados e a brétema foron o infortunio do barco e mariñeiros.

As novas nos xornais da mañá contaban en titulares: Naufraga o pesqueiro “Ave del mar” na illa de San Martiño ao tocar cuns baixos. A intensa néboa ...
- “Naufragar no mar que baña a casa”.

- A nena responde ao aceno que lle fai o bisavó no cabelo, e mírao de esguello sen entender de que fala.

As mulleres fermosas e feiticeiras “as mouras” do conto da bisneta non estaban alí. Nin tampouco Arpía, nin Pegaso nin Dragón.

Hai anos os cascos dos galeóns aproveitábanse para facer bateas de mexillóns.

- Cousas da vida!

Non coñecemos se os bancos de peixes que vivían na ría, sargos, congro, sardiña ou robaliza, axudaron batendo as ás guiados polas gaivotas de patas amarelas ou o corvo mariño a soster o barco no mar.

- Non claro que non, isto é real! Pensa para el.

- A Virxe do Carme tamén estaba ausente.

Xoán, perdeu o primoxénito nas augas salgadas e frías aquela mañá negra. Durante un tempo odiou as illas. Hoxe ámaas. Visítaas en memoria e recordo do seu fillo, pai dun bebé e home dunha muller que lle gardou ausencia durante unha década cun pano negro cubrindo a cabeza. As súas bágoas levounas todas o mar aquel ano, tamén o cabelo castaño coma o outono, que lle mudou en fíos prateados.

Hoxe despídese del, no Buraco do Inferno, onde sempre quixo crer que a corenta metros de profundidade, están as almas dos que perderon a vida nos naufraxios. Así llo contaron os paisanos. A Santa Compaña sae da punta Centolo e percorre a illa desaparecendo polo cemiterio.

- “Fillo, sei que estamos conectados co pensamento. Seino por todas as cousas que me ocorreron ao longo da miña vida. Ías un paso diante de min, abrindo camiño, apartando os demos, e o desacougo da miña alma.

O que non me perdoo é a rifa que tivemos. Escolliches unha boa muller. Agora douche a razón. Mágoa non decatarme antes! É que eras tan novo para casar!

A túa nai tamén está delicada. Comprende fillo que a metade do seu corazón foise contigo.

Tiven unha boa vida!

A filla que non viches crecer, é hoxe unha fermosa nai. Ela culminou a miña felicidade con este besbello, a túa neta, que é un retrato teu.

Recórdame tanto a ti!

O meu barco tamén se afunde, é hora de partir, estou no derradeiro compás. Non teño medo. Búscame nas tebras para que non me perda. Quérote”

Xa de regreso, co sol do atardecer nas costas, á bisneta e ao bisavó sácalles un sorriso o delfín común, moi pretiño deles, facendo cabrioladas.
15 Xuño 2016 - Auditorio edificio Cambón

viernes, 10 de junio de 2016

LA ÚLTIMA PROMESA. "Subir de nuevo a la habitación" - Relato 3 - Publicado en la antología "El Bunquer Z" de la editorial Diversidad Literaria

Editorial Diversidad literaria

Subir de nuevo a la habitación, sentarme a su lado. Tomar sus manos entre las mías y asentir.

– ¡No pases apuros! ¡Prométemelo!

Sí, esas fueron sus últimas palabras.

Y así, en los últimos treinta segundos de su vida, se lo prometí. 

Y me dejó, sin más, con un juramento de supervivencia en mis labios temblorosos.

¿Y ahora, que? Ahora… sobreviviré.


TORMENTA - "Subir de nuevo a la habitación" - Relato 2


Subir de nuevo a la habitación, estará vacía. Abriré la ventana y el fresco de la mañana borrará la huella de las palabras cruzadas, escupidas con perfidia, hirientes. Arreglaré la cama, sorberé su olor todavía impregnado en las sábanas celestes.

En el armario el polvo bailará entre las perchas solitarias.

El azar caprichoso y hechicero me condujo al lugar donde, atónita, vi a mi amante retozar en la tibia arena con “otra”, acunados por la falsa placidez del mar.