domingo, 26 de noviembre de 2017

LA COLECCIONISTA DE ESTRELLAS



Dos jueves al mes, lloviera, hiciera frío o calor, a las tres y diez en punto de la tarde, María Fernanda de Matamá cogía el Vitrasa.

No siempre fue así…

Durante años guardaba en uno de los cajones de la cómoda de su habitación, un álbum con los recortes cuidadosamente colocados de mujeres que ella admiraba. Y desde su anhelo, la última hoja siempre quedó en blanco para algún día escribir su propia historia… Y conoció a Manuel.

Aquel mediodía era jueves. Le faltaba el aire. El calor del mes de agosto ayudaba.

Cuando se acomodó en el asiento de madera, cerca del chófer, y a salvo del desmayo, alzó la vista y se encontró con los ojos de aquel hombre.

El chófer –nuevo en ese trabajo-, la miraba a través del espejo retrovisor. Aquellos ojos tenían algo que decir.

Y hablaron… y hablaron.

En la ruta, y a esas horas, no viajaba nadie.

El urbano, un Pegaso de estrena, de plataforma baja, iba como la seda en esa tarde de mil novecientos sesenta y nueve.

En la parada siguiente, en Gran vía, subió gente para la playa de Samil cargados con la merienda y el radiocasete. Un lugar perfecto donde los bañistas juegan a las cartas en la sombra del pinar; y los niños se desahogan y entretienen con cubos y  palas haciendo castillos en la arena blanca y fina del arenal.

María Fernanda de Matamá continuaba en el Vitrasa y seguía confiándose a Manuel. Una leve sonrisa de poesía, novela y aventura, asomó en la cara de la mujer asintiendo asombrada. El principio de una ilusión. El huir del aburrimiento de la vida cotidiana.

El jueves siguiente, cuando las puertas automáticas del Vitrasa se cerraron, una María de Matamá de labios y mantón de Manila color grana, como el capote de un torero, y de bolso gastado por el paso del tiempo, se sentó al lado del chófer. Sobreexcitada y febril le susurró:

–Buenas tardes señor: soy Aurora Bautista y represento en el teatro García Barbón la obra “Locura de amor”.

Manuel olió la trama, esbozó una sonrisa y con el pecho hinchado y agitado hizo de guía:

–Bienvenida señora a Vigo, nuestra princesa del Atlántico. Vamos a dar un paseo y le mostraré la ciudad.

Garboso, el urbano para en el Hospital Almirante Vierna, cruza Traviesas con dirección La Florida y Alcabre. Ya en Coruxo llega hasta ellos el olor a mar próximo y el sollozo de las olas de la ría. El guía señala el edificio del grupo Álvarez, y a su derecha la hermosa isla de Toralla, con una desproporcionada torre de más de setenta metros de altura, considerándola en los medios de comunicación un atentado ecológico.

Pasaron los días y María Fernanda estaba feliz. El color llegó a sus mejillas y la mirada ya tenía algo que contar. La forma de caminar, moviendo las caderas, era de un atractivo irresistible.

Los jueves continuaron. Sin darse cuenta ya era una necesidad, tanto para ella como para Manuel.

–Buenas tardes chófer, soy Analía Gadé y necesito ir de compras:

El Vitrasa se paró justo en la puerta de los almacenes Asefal, en el paseo de Alfonso. Más adelante, en el mirador de la misma calle, la Gadé se sentó en un banco debajo del olivo y se quedó mirando a la ría, soñando, hasta que el sol llegó al ocaso.

Pasaban los días, y María Fernanda de Matamá ya no podía vivir sin los encuentros con Manuel. Las actrices del momento, pasaron una a una por los asientos del Vitrasa con la mejor de las representaciones. Para la coleccionista de estrellas ya no había límites.

El segundo jueves de diciembre, cerca de la Navidad, Teresa Gimpera, una modelo y actriz de pelo rubio y corto a lo garçon, piernas largas y minifalda, se subió al coche con un capricho: firmar autógrafos de su última película en la Plaza de la Princesa: “¡Cómo sois las mujeres!”.

Manuel encandilado por la belleza de aquella transformación asumió el papel de chófer de las estrellas y la condujo hasta la Puerta del Sol. Un montón de gente se abalanzó sobre Teresa y María Fernanda, asustada, con el peinado arruinado y el traje hecho jirones, corrió a ocultarse en los soportales de la Plaza de la Constitución.

En la farola de Urzaíz con García Barbón, en la parada del urbano, el último jueves de cada mes, la pastelería “Las tres luces” le acercaba a Manuel una bandeja con besos de coco. Son de ella. Él lo sabía. Eran sus dulces preferidos. La echaba en falta. Por las fiestas de Navidad, María Fernanda dejó de viajar y de soñar en el Vitrasa.

Y pasó el tiempo… El cielo cambiaba de color empujado por el viento del norte.

En la primavera del año setenta, enganchada del brazo de un hombre, María Fernanda de Matamá, lucía hermosa con un abrigo blanco y cintura de avispa, zapatos de tacón y mirada intensa. El peinado cardado, en un pelo negro como la noche sin estrellas: era Sofía Loren.

Subieron al Vitrasa en Teis, en la parada que el siempre anhelaba verla.

–Dos pesetas con cincuenta céntimos cada uno, por favor –Le dice Manuel.

Estaba confuso, abrumado, el corazón le quemaba en el pecho. ¿Por qué le hacía esto?

María Fernanda de Matamá le hizo un guiño al mismo tiempo que le preguntaba:

–Por favor chófer. Mi marido y yo vamos al cine Fraga, estás poniendo “El destino de Sisi”, ¿tiene parada?

Manuel, con gesto amable y tristeza en los ojos, la miró fijamente con la cara del adiós.





miércoles, 22 de noviembre de 2017

DIARIO DE UNOS DÍAS




2 de Octubre 2017

Antes de que empezara el futuro…

Son  las diez menos cuarto y suena el teléfono de casa, es mi prima. Me recoge en diez minutos. A la carrera me preparo; me gusta ir con ella de tiendas. La carretera está muy transitada a esta hora. Llegamos a Vigo y la mañana es para nosotras. Sonrientes entramos en los comercios y lo miramos todo. En realidad no necesito nada por eso resulta divertido.

 El día está espléndido pero no debemos olvidar que es noviembre. Me vestí a modo cebolla y a medida que pasa la mañana y con más calor,  me desprendo del anorak que cogí prestado del armario en la habitación de mi hija.

La mañana resultó fantástica y fructífera. Me voy de vacaciones en unos días. De momento no tengo demasiada ilusión. Todavía es pronto y no me apetece programar lugares que visitar.

Ya en la tarde, una clase de yoga magnífica para terminar el día.

Llevo a dieta una semana. No adelgacé ni un solo gramo ¡Horror!

Buenas noches día.


Tres de Octubre 2017

Me arreglo para encontrarme con el día. Estoy perezosa, me quedaría en casa pero luego me arrepiento de no haber salido. Ya en la calle camino aprisa, como si fuese a algún sitio en concreto. En realidad no es así, pero tengo que moverme. Las zapatillas son nuevas, de un color azul tirando a negro; calzo un treinta y siete.  Me las pongo un rato todos los días para que se adaptan a mis pies. Las llevaré en el viaje.

Estreno pantalón del mismo color de las zapatillas. Es de tiro alto y muy cómodo… me río ¡nunca creí que llevaría pantalones tan altos de cintura!

A la espalda cargo la mochila. No voy cómoda, la chaqueta, azul marino con dibujos en espiral en rojo y beige, se me sube en el cuello y me hace corcova en la parte alta de la espalda. Esto me disgusta, más bien me horroriza. Pienso que estoy encogiendo.

Termino entrando en una tienda “chic”, me aborda una conocida y me felicita por un trabajo. Gané un premio literario. Le quito importancia y sigo mirando las prendas de vestir. Termino por comprar dos pantalones para mi hijo. Espero que le gusten, aunque no las tengo todas conmigo, no suelo acertar con su estilo.

Ya en la tarde y al calor de una taza de té, me siento satisfecha en la terraza con el libro a medio leer  “en el tiempo de las mariposas”. Un dolor de cabeza galopante me anuncia cambio de tiempo. Dejo la lectura y como siempre que me envuelve el  dolor, y es muy a menudo, dejo el mundo para más adelante.

Buenas noches día.

4 de Octubre 2017

Me levanto muy temprano. Después de la ducha, hurgo en el armario que ponerme de ropa.  Anoche anunciaron lluvias.

Es sábado, caminata de primos.

Soy una máquina, lo dejo todo hecho y la comida dispuesta. Mi hijo está de vacaciones en casa y toca cocinar algo más, “adiós al régimen” “bienvenido kilito”. Son las diez treinta.

Llegamos a playa América con un sol estupendo –ya se volvieron a confundir los meteorólogos- al bajar del coche el viento frío del norte me da una bofetada en toda la cara. ¡Horror! La cabeza. –Lo peor para los migrañeros es el viento frío- Me protejo todo lo que puedo la zona del cuello y cervical. De vuelta y a mitad de camino hago respiraciones profundas y expulso el aire hacia la zona de dolor –cabeza y cervical- me alivia.

A media tarde se acabó  el mundo. De nuevo migraña. Nada de lectura, absolutamente nada de lo que requiera toda mi atención.

Cocino… es lo único que puedo hacer.

Buenas noches día.


5 de Octubre 2017

Domingo… estoy perezosa. Las cosas las ralentizo. Levanto la persiana, afuera la niebla todavía está muy baja.

Medito como de costumbre y luego extiendo la esterilla para hacer unas asanas en la cocina. Es donde tengo más espacio y me gusta el suelo blanco que hace poco que renové. Tiene más luz, haciendo mucho más agradable la estancia.

No tengo que pensar en cocinar, la migraña del día anterior me concedió hoy este tiempo de relax.

Me visto con ropa floja para mi paseo matinal. El día ya está despejado y luce un sol tranquilo. No hay viento, un placer. Me acompaña una amiga, caminamos durante hora y media por el monte cercano a casa. Ya de regreso me pregunto cómo ha salido esa conversación. Hablamos de una parte dolorosa de mi pasado. Rectifico “de una parte de mi vida que había sido dolorosa” y que gracias a la escritura ya está superada. Pero no me gusta hablar de ello… sin embargo lo hice.

-¡Mi hija, horror! Trae tarta de chicharros… ¡que rica!

A media tarde y después de una siesta corta y como todos los domingos, acompañada de mi niña, acurrucadas en el sofá miramos una peli.

Mientras el día se iba apagando nos desperezamos y lo dedicamos a tareas diversas. Mi hija a corregir el relato en gallego que escribí durante la semana.

Buenas noches día.


6 de Octubre 2017

Me gustan los lunes. Es como si la vida comenzase. Se oyen los gritos de los niños camino al colegio, el ruido de los coches y conversaciones que llegan hasta mi ventana. La vida fluye.

Los deberes matinales de la casa los hago rápido y a gusto. Me espera una mañana de compras. Quedan pocos días para el viaje y necesito algunas cosas.

Contenta y ya de regreso, entro en la frutería cerca de casa y me abastezco de todo lo necesario para no volver a salir. Me pruebo lo que me compré. Un jersey negro con una interrogación enorme en dorado ¿será demasiado?

Reflexión: volví a pecar. Me comí media tarta de chicharrones. Adiós régimen.

Por la tarde, y después de ver la novela que me tiene enganchada, me meterá en las profundidades de la escritura. Mi pasión.

Club de lectura a las 19.30 h. Hoy debatiremos sobre la escritora Agota Kristof y su libro Klaus y Lucas.

Buenas noches día.




8 de Octubre 2017

Es casi mediodía cuando llego a casa. El día está muy frío y me hizo caminar aprisa.

Me espera mi hermano para despedirse, durmió en casa por la cercanía al aeropuerto, toma el avión para Madrid a las 13.30. Anoche cenamos los tres, mi hermano, mi hijo y yo. Noche familiar muy agradable.

En el mercadillo compré  panes diversos de masa madre, en el puesto de las empanadas caseras.

Subiendo la calle en pendiente, ralentizo el paso y ya cerca de casa pienso que gasté demasiado: no todo me es necesario.

Solamente ocho días y de viaje cultural. ¡A ver que me encuentro!

Mediodía, me relajo en el sofá con una maravillosa sonata de “samba” que vi publicada en Facebook.

Son las siete, ya estarán al caer las compis de los martes. Vinito y charla agradable.

Termino el día escribiendo en el  diario.

Mi último pensamiento de la noche –“Mañana será un día importante, mi hijo cumple  años”.


9 de Octubre 2017

Noticias en la radio. En unos días hace un año que ganó las elecciones Donald Tramp. Republicano y fanático. ¡Dios nos ayude!

Cuando Dios se esconde detrás de las nubes es porque siente vergüenza de nosotros o siente vergüenza de él –no recuerdo de quién es esta frase.

Hoy es uno de esos días extraños. El sol calienta suave, tierno, amable, ascendiendo las bajas temperaturas de estos días atrás. Se quiere quedar, pero de pronto se torna caprichoso con lluvias intermitentes dejando paso a un aire frio que nos envuelve en el invierno.

Un día como hoy, aunque sobre el tiempo no lo recuerdo por estar confinada a una máquina cuarenta y ocho horas, di a luz un niño ”viejito”. A las siete en punto de la tarde, cincuenta y seis centímetros y tres kilos de peso, mi hijo. ¡Cuarenta años hace de esto!

Un largo vivero de experiencias, anécdotas, alegrías y lágrimas. Fue muy llorón hasta los tres años, convirtiéndose más tarde en un apacible chiquillo y luego en un adolescente introvertido. Esta noche lo celebramos. La tarta ya está reposando en la nevera y los regalos en sus diferentes envoltorios de papeles de colores.

Ya falta menos para el viaje y todavía no me entraron  ganas de indagar sobre la cartelera cultural. Ni un asomo de emoción. Espero que llegado el momento y al preparar la maleta resurja en mí un ápice de alegría.

Son las siete de la tarde en quince minutos tengo mi clase de yoga. Esta noche de nuevo “adiós régimen”. El menú del cumpleañero: cuatro pizzas, de pollo, de verduras, de piña y jamón con tres quesos.

Mañana tengo un día movidito. Pasaré por chapa y pintura. Tengo cita en la peluquería a las nueve y a las doce “fisio” por las molestias de la espalda.

Veo el invierno pasear a través de la luz.



10 de Octubre 2017

Hacía mucho que no conducía. Echaba de menos esa sensación de libertad: de moverte sin esperas en la parada del bus pasando frío o calor, de compartir asiento en un auto lleno de adolescentes ruidosos o personas que hablan a gritos por el móvil. Es muy distinto: escuchar música en un asiento confortable con aire acondicionado a tu gusto. Si: ¡hoy me vino de perlas el coche! El día está gris, cerrado; con esa niebla baja que lo envuelve todo. Gracias hijo.

Ayer, en la cena del cumple, pasé la barrera de todas las dietas; pero no me sentó mal, estaba feliz. Cocinamos los dos: fue divertido. Ya con las velas, su hermana, cuñado y yo, le cantamos “Cumpleaños feliz”. Todo salió fantástico.

Esta tarde relax; sofá, infusión y lectura. El viaje ya está a la vuelta de la esquina.

Mi prima me invitó a un evento mañana por la tarde: una charla sobre actividad emocional.

Ya tengo curiosidad por el viaje. Mañana me pondré a ello.

15 de Octubre 2017

Los días pasan aprisa y sin sobresaltos. Cambié la fecha del viaje, lo aplacé unos días. Hay un estreno de un musical que me interesa y una exposición de arte para finales de mes. Ya estoy feliz, ya estoy en marcha.





viernes, 17 de noviembre de 2017

LA CIMA ESTÁ UN POCO LEJOS (Traducido del gallego)





–Antes que el atardecer sucumbiera a la noche, me dije: mañana será otro día.

La desidia la persiguió todo el día. Por la cabeza le rondaba una frase que no recordaba de quién era y que decía “si quieres creer en ti, necesitas fracasar…” Este consuelo no la ayudaba a sacar la presión que tenía en el pecho, el desasosiego que le recorría por todo su cuerpo. Desayunó una tostada con miel y canela, compota de manzanas y un reconfortante té verde. Desde la ventana de su cocina funcional y recientemente remodelada, observaba la cima de la montaña; se imaginaba, que si extendía los brazos podía tocarla con sus manos. En la radio, la charla de los tertulianos la protegían de sus propias inquietudes. La vida había pasado muy deprisa y ahora necesitaba, más que un reconocimiento, una motivación para seguir y perseguir sueños.

En el bolsillo derecho de su chaqueta, la roja escarlata, guardaba el teléfono móvil que consultaba nerviosamente por si faltaba cobertura, pero seguía mudo. Las horas pasaban perezosas. En su cabeza un ir y venir de pensamientos incontrolados. En el correo electrónico tampoco había entrado ninguna noticia, solo publicidad.

De pronto, al anochecer, cuando sólo pensaba en no pensar más nada, desapareció la presión. Nadie llamó. Se desprendió de los reconocimientos, de los flashes con sonrisas y de la genialidad.


–Sí, ya lo decía la señora Mitchell por boca de la protagonista de aquella gran novela que sí llevó el viento: “mañana será otro día". Quizás también para mí.



jueves, 16 de noviembre de 2017

A CIMA ESTÁ UN POUCO LONXE




–Antes de que o serán sucumbise á noite, dixen: mañá será outro día.
A desidia perseguiuna todo o día. Pola cabeza roldáballe unha frase que non se lembraba de quen era e que dicía “se queres crer en ti, necesitas fracasar...” Este consolo non a  axudaba a sacar a presión que tiña no peito, o desacougo que lle percorría por todo o corpo. Almorzou unha torrada con mel e canela, compota de mazás e un reconfortante té verde. Dende a ventá da súa cociña funcional e recentemente remodelada, ollaba a cima da montaña, e maxinaba, que se estendía os brazos podía tocala coas mans. Na radio, a charla dos faladoiros axudábana a non cismar. A vida pasoulle moi apresa e agora necesitaba, máis que recoñecemento, unha motivación para seguir e perseguir soños.
No peto dereito da chaqueta, a vermella escarlata, gardaba o teléfono móbil que consultaba nerviosamente por si non tiña cobertura, pero seguía mudo. As horas pasaban preguiceiras. Na súa cabeza un bulir de pensamentos incontrolados. No seu correo tampouco entrara ningunha nova, só publicidade.
De súpeto, á noitiña, cando só pensaba en non pensar mais nada, desapareceu a presión. Ninguén chamou. Desprendeuse dos recoñecementos, dos flashes con sorrisos e da xenialidade.

–Si, Xa o dicía a señora Mitchell por boca da protagonista daquela gran novela que si levou o vento: “mañá será outro día”. Quizais tamén para min.


martes, 14 de noviembre de 2017

EQUINOCCIO DE VERANO


Con desgana dobló la ropa que usaba en el gimnasio y la guardó en el segundo cajón de su cómoda. El verano era inminente. Los lápices recién afilados reposaban en el pequeño cajón del escritorio. El cuaderno donde tomaba notas, algunas incoherentes, cerrado y el ordenador apagado. Al inerte invierno le acompañaron los talleres de escritura, el club de lectura y los amigos estacionales.

Sobre la cama de su dormitorio ya lucía la colcha ligera de entretiempo, de un color blanco roto. Las persianas ligeramente bajadas para que la habitación descansara en la penumbra.

Llegó el momento de dejar su castillo amurallado, de lucir sonrisa, la que ensaya delante del espejo por exigencia de la estación, por la obligación de ser “feliz”. Ya es hora de tomar decisiones y dejar esta falsa luna de miel, y las penas que vienen envueltas en el aire. Sí, es la hora de ejecutar los pensamientos.

No dejará que la soledad atraviese de nuevo su corazón ya curtido. Tomó la maleta, la mediana, la de las mini vacaciones, la bolsa de mano y salió a encontrarse con el pozo de los deseos. El sol se ponía en ese instante y una brisa agradable le acarició el rostro, limpio, sin maquillaje. La cegó la luz y la envolvió el perfume que flotaba en el aire. El trinar de los pájaros sosegó el corazón desbocado.

Quizá rompa sus propias normas y se bañe en el agua salada del mar, quizá en la puesta de sol se tome una cerveza, o tal vez se pierda entre la multitud.

Si, quizá este verano sea el año y no tenga que fingir, quizá, y solo quizá tenga el valor para ser feliz, feliz de verdad.