jueves, 16 de marzo de 2017

SOMBRAS EN LA NOCHE (Publicado en Letras con Arte)


Es tarde. El día fue largo y está cansada. Su fiel amigo no la está esperando. Esto le preocupa.
Camina despacio. La luna llena expande sus rayos luminosos cubriendo el firmamento y, un escalofrío recorre su cuerpo delgado. Se sube la solapa del abrigo, de color indefinido; hace frío, expira enero.  Apresura el paso.
Un gato rabioso, de ojos centelleantes, sale de un callejón oscuro y el maullido largo y siniestro la hace temblar.
Asustada y con el corazón en la garganta, aprieta más el paso. En un recodo, al final de la calle, se oculta de una sombra acechante… la persiguen. Aterrorizada se vuelve y…
Su fiel amigo, su guardián, su mascota, su compañero, su alegría, la sigue unos pasos atrás, protegiéndola de la luna. Él dejó de aullarle –lo abandonaron en el plenilunio por mostrarle su amor.
Su nueva ama le rescató del albergue entre orines y ladridos una tarde calurosa del mes de Agosto. No le importó verlo en un estado lamentable, flaco, herido. Simplemente lo acarició. Las palabras susurradas con amor aliviaron su alma, moviendo de nuevo su cola  al compás de sus carantoñas. La miró con sus grandes ojos tristes, color miel, y levantándose tembloroso la siguió.
Y la siguió, día a día, hora a hora. Fiel.
Ella dejó de observar la luna a través del telescopio el día en que su hombre se fue, un día como el de hoy, en todo su esplendor. Tiene que protegerse del aroma de la noche y de las tinieblas que todavía albergan en su corazón.
 Su nuevo compañero no lo hará, no la dejará, está segura, muy segura de su infinita fidelidad.
El calor del hogar les espera. Se esconden de las sombras, de los falsos besos. Se abrigan mutuamente en su morada. Echado, muy cerca de la lumbre, el olor a madera quemada le adormece. Él resopla plácido y feliz. Su pelo es frondoso, largo y plateado.  
Desde hace ya dos años crecen juntos,  caminan por la ribera de los ríos, corren por los montes, dejando atrás las tormentas, presagios y desamores.




martes, 14 de marzo de 2017

A VIDA EN BRANCO E NEGRO (8 de marzo, día de la mujer trabajadora)


Chámome Manuela, teño cincuenta anos e estou fraca. Levo o pelo sempre recollido en coleta para que non me moleste. Non estou segura de que os meus ollos teñan a cor da mel –iso é o que me din– porque cando peiteo o cabelo non me miro ao espello. Se o fago, as bágoas desátanse e todo se embaza.

Con doce anos sacáronme da escola por ser a maior e muller. Puxéronme ao coidado dos meus catro irmáns. O carácter debilitóuseme. E o meu futuro distanciábase deles cada día máis. Os meus pais amputáronme o dereito á liberdade.



TOMAR AIRE


Na oficina apenas entra a luz do sol. Uns vinilos, cor marfil, cobren as xanelas. Son as dúas da tarde.
–Quédame media hora para rematar.
Marga teclea con dedos ávidos o ordenador. O xefe está a ditarlle unha carta mentres a súa mente flúe noutra dirección.
–Non quero pensar se me dan o traballo de directora adxunta. Que dirá Pablo?, non lle vai sentar nada ben. Terá que ocuparse das tarefas da casa, de recoller ao neno á saída da escola... Estou calma. É a entrevista persoal definitiva.

Revisado o texto, Marga pulsa a tecla de enviar.
DÍA DE LA MUJER