jueves, 20 de abril de 2017

AS MOEDAS TEÑEN DÚAS CARAS


Carmen camiñaba moi devagar polo que, presentía, sería o seu novo barrio. Os días daquel inusitado outono do noventa e seis eran moi agradables e ela sentíase eufórica e esperanzada. Si, gustáballe aquel barrio inquedo, multirracial e emerxente: alí montaría o seu negocio.
As primeiras horas dedicounas á decoración, unha lámpada aquí, un vaso con flores frescas alá.... Só faltaba o cartel anunciador, que imaxinou grande e luminoso.
Suspirou feliz, tiña por diante un futuro prometedor.
Os problemas chegaron coma unha tormenta de sarabia pola comunidade de veciños. Non querían ningún negocio no edificio e facíanlle a vida imposible.
Yesi, unha rapaza que vivía no quinto dereita, entrou na oficina cun sorriso de paz nos beizos, saia curtísima e medias de maia. A mirada moi triste.
Fixéronse amigas e todos os días tomaban café e urdían planes de defensa contra a comunidade.
Un bo día pediulle que a levara a Portugal. Desexaba coñecer a virxe de Fátima.
Viaxaron un venres cedo e no traxecto xurdiron as confidencias: traballaba de puta...
A vida e as circunstancias obrigárona, pero quería deixalo, por iso ía á “Cova de Iria” a arrepentirse e pedir axuda.
A devoción desta muller saíalle polos ollos. Na procesión coñeceu unha monxa que aliviou as súas penas. Díxolle que era un sinal, quedaría no convento unha tempada.
Soa de novo, e xa na viaxe de volta, Carmen decidiu deixar a oficina, non merecía a pena rifar sen aliada.
Tomou alento, sorriu e pensou: Son unha saxitario, comezarei de novo.


martes, 11 de abril de 2017

BUSCANDO OTRO RITMO - Semifinalista en el concurso de micros Catro a Catro (traduccido del gallego)



Último sábado de agosto. Eran las doce de la noche. El pueblo estaba en fiestas y en el palco de la música, en la verbena, la orquesta tocaba las canciones de moda en medio de faroles de colores.
Samuel, entre la gente, saltaba por encima de las cabezas en la búsqueda de alguna chica guapa para sacarla a bailar. La noche está caliente, y del cielo penden estrellas  iluminando aún más el ambiente. Se acicaló con calma, la camisa blanca de manga corta, la corbata que refleja los colores vivos en su cara, la frente despejada con el pelo peinado hacia atrás. Todo él desprende aroma a hombre.
Escogió con calma a la joven. De cabello largo ondulado y negro como el vestido de espaldas al aire. De piel tostada por el sol, se movía al son de la música. Sus labios sensuales color rojo, perfilados en forma de corazón expulsaban el humo de un cigarro. Se cruzaron las miradas y se dijeron sí con los ojos. Se acercó despacio por detrás y le tocó en el hombro derecho; la joven se giró y se dejó hacer. Samuel la rodeó por la cintura  y con manos expertas acercó su cuerpo al de él. Y se olvidaron de todo y de todos.
Los corazones latían a un ritmo frenético, bailaban de puntillas el pasodoble “Campanera”. En seguida la gente de alrededor se apartó para hacerles sitio. Se miraron un rato con ojos encendidos, dejándose arrastrar por la música y el clamor de los espectadores.
Finalizó la pieza.

Samuel se apartó cojeando con la pierna derecha. Ella se fue cojeando con la pierna izquierda.

miércoles, 5 de abril de 2017

BUSCANDO OUTRO RITMO - Semifinalista en el concurso de Catro a Catro


Derradeiro sábado de agosto. Eran as doce da noite. A vila estaba en festas e preto do palco da música, na verbena, a orquestra tocaba as cancións de moda en medio de farois de cores.
Samuel, entre a xente, choutaba por riba das cabezas na procura dalgunha moza fermosa para sacala a bailar. A noite está quente, e do ceo penden estrelas  iluminando aínda máis o ambiente. Acicalouse con calma, a camisa branca de manga curta, a garabata que reflicte as cores vivas na súa faciana, a fronte despexada co cabelo peiteado cara atrás. Todo el desprende aroma a home.
Escolleu con calma a moza. De cabelo longo ondulado e negro coma o vestido de costas ao aire. De pel tostada polo sol, movíase ao son da música. Os seus beizos sensuais cor vermella, perfilados en forma de corazón expulsaban o fume dun cigarro. Cruzáronse as miradas e dixéronse si cos ollos. Achegouse paseniño por detrás e tocoulle no ombreiro dereito; a moza virouse e deixouse facer. Samuel rodeouna pola cintura  e con mans expertas achegou o seu corpo ao del. E esquecéronse de todo e de todos.
Os corazóns latexaban a un ritmo frenético, bailaban de puntillas o pasodobre “Campanera”. Deseguida a xente de ao redor apartouse para facerlles sitio. Miráronse un intre con ollos acendidos, deixándose arrastrar pola música e o clamor dos espectadores.
Rematou a peza.

Samuel apartouse coxeando coa perna dereita. Ela marchou coxeando coa perna esquerda. 



LA MASÍA - (Publicado en Letras con Arte)


Alicia tiene que cuidar a su padre enfermo y  regresa al hogar tras nueve años de ausencia.
Actualmente vive en París, en un apartamento de renta antigua en Montmartre, con su enamorado Paul.
Lo conoció en la masía de la familia un verano; era estudiante de Bellas Artes.
Desde el minuto uno se gustaron. Flirteaban y se besaban en las caballerizas durante el día, y al anochecer, cogidos de la mano, paseaban entre los naranjos y perales.
Al año siguiente, en el tiempo estival se fue detrás de él,  a vivir la aventura del amor.
Cuando cruza de nuevo el portalón de la masía, el tiempo se detiene. En su cabeza fluyen los recuerdos que empujan por salir:
Es una joven de diecisiete años, de piernas flacas y largas. Atraviesa el patio cargada con un cubo lleno de agua para la pila de los cerdos.
Oye ruidos que vienen del pajar y se acerca. Allí, desnudo, su padre besa los dedos de la mano a una mujer que no es su madre, se miran con lascivia y gimen de placer.
Alicia siente una rabia inmensa y el amor por su padre se muere de inmediato. De pequeña él la sentaba en las rodillas y le leía un cuento, al fuego del hogar, en la cocina. Ella le pasaba su pequeño brazo alrededor del cuello llena de amor.   
Continúa caminando por el estrecho sendero y observa con atención la casona. Necesita urgente tejas nuevas. Las paredes con grietas serán pasto del viento, jugando a entrar en las habitaciones cerradas el próximo invierno.
Le corta el paso un perro olisqueándola. No es Fedro, él se murió hace ya varios años. Atraviesa la puerta y una bofetada de nostalgia le corta la respiración. Huele a chocolate caliente, a churros, a leña y a su madre.
Está a punto de llorar. Sale de nuevo a la puerta a coger aire nuevo. Va al encuentro del árbol de la fuerza, de su rincón del sosiego. El árbol de los paños está lleno de cicatrices, marcado con corazones y flechas. De encuentros, besos castos, besos apasionados, de risas y llantos.  El mismo que en las tardes de verano se reunían todos a jugar a la lotería. Ella siempre cantaba los números. 
–Iré a su encuentro y lo perdonaré. Necesito hacer eso para continuar. Es mi padre. Me necesita.

–Papá... ya estoy aquí.