“Encerrado
en una caja hermética y en el interior de una furgoneta, el valioso manuscrito
del siglo XIII que contiene "las siete cantigas de amigo" de Martín Códax, llegó
ayer al Museo del Mar de Vigo…”
¿Qué podemos hacer un dos de Enero lluvioso y
encapotado sin trazas que cambie y esperando una visita? … nos vamos de museo.
Llegamos al Museo do Mar, mi amiga y yo, bajo una pátina de lluvia y
niebla. El faro guarda impertérrito el recinto bajo la atenta mirada del mar
gris tormentoso.
Ya en su interior y a su abrigo, nos dejamos
envolver por las “siete cantigas de amigo” del trovador gallego Martín Códax en
las que una mujer llora porque le falta su amado a orillas de la ría de Vigo:
Un manuscrito perdido durante siglos. El
pergamino Vindel vuelve a casa, a la ría. Esta joya literaria inspirada en
Vigo, de riqueza incalculable atraviesa los océanos de nuevo, esta vez hasta el mes de marzo.
La Morgan Library Museum de Nueva York custodia
desde hace 40 años las siete cantigas compuestas hace 800 años. Pedro Vindel
comerciante de libros antiguos, en 1914 descubre el pergamino. Este librero
encontró el manuscrito en la encuadernación de un códice del siglo XIV. Su
música es casi la única muestra que se ha encontrado hasta la fecha de la
canción profana galaico- portuguesa.
Es mediodía y muy cerca, en la playa del Bao, está el bar de tapas Las Barricas, donde brindamos por este año nuevo y apuramos
un vino godello con empanadillas caseras de la señora Puri. Nos dejamos mecer
por la conversación y por el calor que desprende la chimenea. Afuera sigue
lloviendo.
Ya por la tarde, con ganas y armadas de
paraguas, nos dirigimos al centro comercial A Laxe donde degustamos un sabroso chocolate. Terminamos
de compras en los orfebres gallegos “Feito a Man”.
La niebla encapota la ciudad y los transeúntes
caminan aprisa protegidos bajo sus paraguas. La tristeza nos envuelve y es hora
de recogerse.
Relato
Su hermosura de hombre
lobo me dejó fría, ávida de más. Sin poder moverme me dispuse a ser feliz
contemplándolo. A su alrededor mucho bullicio. En mi interior el corazón se
revuelve, se agita desesperado.
Me entretuve jugando… de sus
ojos divinos a sus orejas perfectas, a su ancho pecho, a su pelo negro como la
noche; recorrí todo su cuerpo con mirada libertina.
Extasiada, veía como se
movía entre la luz del verano.
Juntamos nuestras manos palma contra palma. Nos cogimos con fuerza y recorrimos el paseo solos entre
tanta multitud, ajenos y hambrientos.
Tocamos las copas de los
árboles con nuestras risas y nos adentramos en besos húmedos, llenos de más.
Despunta el día y es hora de
separarnos. Está de pie, moviéndome con su mano juguetona mi pelo
dorado por el sol. Tatarea las cantigas de amigo.
Me regala unas gafas de sol plegables de color marrón y cristales de espejo. Me dice que son para ocultar
mis ojos verdes y peligrosos, como el cercano mar.
En el aire sonetos de amor.

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