jueves, 28 de diciembre de 2017

ENCUENTRO LITERARIO - Lisboa 2017 (Cuaderno de viaje)


Es la hora del Ángelus de un seis de diciembre cálido. Estamos cruzando Oporto dirección Lisboa por la A1.

Somos nueve, los magníficos, los que entusiasmados y felices  viajamos en una furgoneta alquilada. Entre risas bromeamos y desde los asientos del fondo se escucha:

a volta vimos pola A3

Más risas… estamos en caravana; llevamos tres cuartos de hora casi parados y las bromas no cesan por una decisión equivocada de elección de carretera. Un camión volcado y el denso tráfico son testigo de las retenciones. Oporto es la segunda ciudad más importante de Portugal.

Me llegan a la memoria recuerdos del año anterior en estas fechas, con aroma a risas de color del fuego, a cariño sin prejuicio. Hoy, la misma gente y alguna más con los mismos deseos: dejarlo todo atrás, solo vivir el momento.

En Pombal, famoso por su castillo que fue mandado construir por el maestre de los templarios Gualdim Pais y a dos horas de nuestro destino, nos detenemos a comer en la churrasquería Avenida un sabroso caldo para entrar en calor y de segundo frebas de porco

Huele a vacaciones, a trama y a sesiones de lectura con chocolate.

Lisboa nos  recibe con su brillo y un cielo azul tímido de buen augurio. También es conocida como la  ciudad de la luz con su viaducto y el Puente 25 de Abril al fondo. Más allá el Cristo de Almada con sus brazos en cruz nos promete una buena estancia. Nos espera la Lisboa de Tabucci, de Pessoa, de Saramago. Son las seis de la tarde y anochece.

Ya en nuestro destino en el barrio “Santos O Vello” está la calle Marqués de Abrantes 84, que será nuestro hogar los próximos días.

Después de unas desavenencias con la administradora del piso, alojados y aseados, nos disponemos a tomar contacto con la ciudad y nos damos un paseo por los alrededores. 

Los exploradores, que son tres, encuentran en mesón Os Aregos” un bacalao sabrosísimo. Terminamos la noche en “Atelier Aberto”, un pub cerca de casa donde una copa, la charla y los relatos al gusto son el principal ingrediente. A mi lado Isabel, abstraída, escribe un verso. Ya estamos viviendo fuera de nuestra rutina. Imaginamos, nos ilusionamos y fantaseamos.

Día 7

En el desayuno, Nones nos sorprende leyéndonos un cuento sobre nosotros, los compañeros de viaje, o la cuadrilla como ella misma nos llama. Enternecedor y magnífico escrito: A dona do segredo da esencia;  nos asaltan las lágrimas con la pasión que nos dedica en esas líneas y que tan bien nos describe.  Me conquista. Yo soy su vendedora de tesoros. La timonera es la dueña del secreto de la esencia, dos maestras jubiladas como aprendices de escritoras, un poeta, un hada y una polizonte amiga componen este relato.



Estamos en el cementerio de Prazeres, es media mañana. Fue construido en el año 1833 para acoger a las miles de víctimas de la epidemia del cólera que asoló Lisboa en ese año.

Situado en el oeste de la ciudad, en el barrio aristócrata, es donde están enterrados los grandes nombres de la historia de Portugal: actores, cantantes, políticos y sobre todo resultó ser el cementerio de las familias más poderosas e influyentes.

El mayor mausoleo privado de Europa se encuentra en Prazeres: la tumba de los Duques de Palmela. Dentro de dicho mausoleo reposa la élite de los criados y en la capilla en forma de pirámide descansan familiares y amigos abrazados a la tumba o jaziga del duque. Cuenta la historia que en su interior hay  unos 200 cuerpos.


Primer ejercicio… escribe sobre la muerte:

Los días transcurrían lánguidos. En la casa reinaba un silencio con olor a desolación. Le pedía a un Dios omnipotente para que todo terminase pronto, que dejaras de sufrir. Estos dos días no abriste los ojos, tus ojos marrones almendrados ni cuando te cogía la mano, todavía tibia, ni cuando te susurraba al oído y te decía que te dejaras ir sin pesar, sin angustia. Te dije mil veces que te quería sin derramar una lágrima. Las escondía para más tarde.

Después de un largo suspiro tu luz se apagó, igual que la tarde de este mes de diciembre frío y gris. Dejaste de respirar. La casa nos acompañó en un silencio sepulcral un rato más, hasta que tuvimos que tomar decisiones: cómo vestirte…, elegir las flores..., si recibir duelo, si hacerte misas. ¿Dónde dejas tu dolor, tu desconcierto, tu pena, tu soledad?



 



Hola, mamá: aquí estoy, donde yo no quería pero tú sí.

Me enseñaste a ser independiente, fuerte. ¿Por qué no te lo aplicaste?, ¿por qué tiraste la toalla tan pronto y durante tanto tiempo? ¿Para conseguir qué? Ya sonaron las campanas para ti.

Cuántos secretos te llevaste mamá, ahora que lo pienso yo no te conocía. Cuando hablo con alguien de ti me cuentan cosas amables, divertidas, lo luchadora que fuiste en tu juventud y se me dibuja una sonrisa. Tú y yo nunca tuvimos una conversación profunda, ni siquiera seria. Quizá también fue mía la culpa, me fui demasiado pronto de casa, a una edad donde madres e hijas se cuentan secretos de adultas. Creo que te conozco más ahora por lo que me relatan, por lo que hiciste por los demás, por tu jovialidad antes de la enfermedad, por tus escapadas a la ciudad, por tu vestuario impecable. Siempre recordaré un abrigo blanco... tú sentada en las gradas viendo a tu hija jugar… llamabas la atención por coqueta y atrevida. Me gustaba ir contigo de compras, eso sí lo recuerdo, a gastarnos mi primer sueldo. Te conocían en todas las tiendas, te agasajaban y yo era muy feliz.

Siempre te gustó la playa. No sé cómo lo hacías; en verano pasabas unos días junto al mar, sola. En esa etapa yo no estaba en casa, pero te visitaba y lucías una piel morena y brillante. Qué cuerpecito tenías en biquini. Biquini, ¡quién se atrevía en esa época!

Estoy muy triste mamá, no por tu muerte, sino por no haber sabido acercarme a ti. Que me contaras como te trataba la vida, qué te complacía, cuáles eran tus males y por qué. Y ahora qué mamá… ¿Es Dios inexorable? Cuando llegué de nuevo a tu vida ya era tarde, ya estabas enferma, ya no querías hablar. La vida te incomodaba ¿Qué te pasó mamá?

Quizás fui yo la que me alejé, la que nada me importaba, solo yo. Quería comerme el mundo y me olvidé de ti ¡Qué ironía! Ahora soy yo la que te busco, la que necesito contarte…

Camino por la mañana de este diciembre sin luz y te veo a lo lejos con tu abrigo blanco.




Comida en el mercado de Ourique. Un lugar para ir de tapas, mariscos, charcutería, comida gourmet. Típico espacio de moda de las grandes ciudades.

Para bajar la comida y la cerveza nada como un paseo por el Jardim da Estrela, de estilo inglés del siglo XIX. Unas fotitos para el recuerdo. Cinco mujeres acompañadas por un chico, ¡todo un lujo! Huele a castañas asadas y el viento del norte nos acerca al mar.




Continuamos camino y entramos en la Basílica da Estrela. Fue construida en 1779. La reina María I, hija de José I, hizo el voto de construir la Basílica si diera a luz un hijo que heredase el trono portugués. El ansiado hijo y heredero murió de varicela dos años antes del fin de su construcción.  Con su enorme cúpula, es una de las iglesias más importantes situada en la zona oeste de Lisboa. 

Antes de la visita a la casa de Galicia, pasamos por una de las calles más concurridas de Baixa, por la rúa da Prata, paralela a la peatonal rúa Augusta y nos encontramos con la amplia plaza de Figueira donde se puede contemplar al fondo la silueta del castillo San Jorge. Es un ir y venir de gentes de todas las nacionalidades: africanos, europeos, asiáticos. Lisboa resplandece de júbilo en sus callejuelas de mil historias por contar.

Cogimos el Elevador de Lavra para llegar a la casa da Xuventude de Galicia en la rúa de Julio de Andrade, en el centro de la ciudad, con el maravilloso Jardim do Torel con sus vistas, que en esta ocasión no pudimos apreciar por la oscuridad de la tarde.  Esta casa está afincada en un palacete construido a finales del siglo XIX y fue donado por Manuel Cordo Boullosa, magnate y mecenas gallego. El centro acoge diversas actividades: danza, música tradicional, exposiciones, talleres, conferencias... dando a conocer Galicia en esta tierra lusa. El fundador de la casa de Galicia en 1908 fue Ramiro Vidal Carrera un emigrado gallego en Lisboa

Los poetas Fernando Pessoa y Alfredo Pedro Guisado, -este último de Pías (Ponteareas)-, junto con Mario Sá Carneiro, Armando cortés, José Pacheco y Ricardo Reyes colaboraron con la revista literaria Orpheu con la intención de renovar el panorama de las letras lusas.

Nos recibe un sobrino nieto de Guisado y nos relata la vida de Pessoa, sus amores con Ofélia Queiroz y sus heterónimos. Se dice que era una persona frágil de mirada miope, como ausente. El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa bajo el heterónimo de Bernardo Soares, es la obra en prosa más importante del poeta portugués.

Día 8

Tertulia literaria sobre Saramago en casa, hasta la una de la tarde. Nos envuelve el olor a café recién hecho y tostadas caramelizadas con la lectura de textos de mis compañeros y una gran revelación: Puri, con excelentes y refrescantes relatos. El poema de Isabel –que lee Fran- maravilloso. Y el segundo capítulo de la novela del poeta, Fran, que ya nos tiene enganchadas. Una mañana fructífera. Yo leí un micro “A cima aínda está moi lonxey por último Clara, que nos continúa leyendo un capítulo de su última novela “Zapatos de verán”.

El día está húmedo y gris. En el mercado de Cais de Sodré imposible comer o sentarse por la afluencia masiva  de gente. A toda prisa, engullimos unos montaditos en la plaza al lado del mercado del puerto con los exploradores que nos estaban esperando. Hacen una labor de campo exhaustiva. Siempre un paso por delante.

Son las tres de la tarde y estamos delante del edificio de la Fundación de Saramago –Casa dos Bicos- . Nos espera la guía para acercarnos con sus explicaciones un poco más a la vida y obra del escritor. Disfrutamos durante dos horas de su exposición sobre Saramago. Fotos para recordar y un sinfín de anécdotas; 1998 en Estocolmo cuando recogía el premio Novel de literatura; en el brindis, el escritor, recordó el aniversario de la carta de los derechos humanos y subrayó:

“Con la misma vehemencia con que reivindicamos  los derechos, reivindiques también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo pueda ser un poco mejor”



En la calle y al fresco del atardecer, después de hacernos la foto junto el olivo donde está enterrado nuestro anfitrión, caminamos hacia la librería Fábula Urbis. Allí nos espera un té caliente para reponernos y toda la sala del piso superior para nuestro taller sobre Sostiene Pereira.

Fran sostiene que mantendría un debate con Pereira sobre Océano Mar de Baricco.  Yo departiría sobre Montedidio de Erri de Luca. Isabel El hombre del tren de las 6,27 y Nones Ensayo sobre la Ceguera de Saramago y Esperando ao Leiteiro de Xosé Neira Vilas.

Una tarde para el recuerdo.


De regreso callejeamos y nos dejamos perder por Sé, Alfama, Baixa e Xiado. Acabamos la noche en una casa de fados “Retiro dos sentidos” en rúa Diario de Noticias, donde los exploradores ya nos tenían una mesa reservada. La comida bastante mala y los fados … bueno, un fado siempre es un fado si lo cantas con desarraigo.

Día 9

Me gusta la mañana, me gusta madrugar. Hace un día estupendo, brilla el sol y nos espera Belém... con sus natas. Se nos hace agua la boca.

Son las diez de la mañana. Estas tortitas de crema es una de las especialidades  de la cocina portuguesa. Cuentan que la receta tiene 200 años y nunca fue revelada. Se empieza a elaborar a puerta cerrada, en el taller del secreto. Se comen en caliente o frío. Deliciosas. Al salir del local la cola ya era kilométrica.

En el mirador del Cristo de Almada nos hicimos un reportaje fotográfico. El sol estaba perfecto y las vistas maravillosas. Lisboa de este a oeste en todo su esplendor.


Sentados en la terraza de cara al río Tajo, cerca de la Torre, tertulia y escrita hasta el mediodía sobre: la vida presenta dilemas o decisiones extremas y salomónicas.

Salen buenos relatos, estamos inspirados.



Relato del ejercicio …¿QUÉ PASARÍA SI NO…?

Solitario, en el muelle a esa hora tan temprana su mirada resbala lentamente hacia el mar encabritado. Ya no hay lágrimas ni lugar para los malos recuerdos y aun así le alimentan el día. A su memoria llegan pasajes de su vida:

Era tan joven e inocente. De cara alargada y delgadez extrema, moreno con rasgos chinees. Lo único que conocía era los barrios de Lisboa, su ciudad, de sus calles tristes y frías y la fábrica de cristal ubicada en las cercanías de Baixa donde trabajaba muchas horas para ayudar a su madre.

Nunca conoció a su padre, tampoco le echó en falta.

Su amor está con él, vive con él, sueña con él. Si supiera donde buscarla. Nada le ataba a su tierra ahora que su madre había fallecido.

 En su memoria se agolpan los recuerdos. Fue ella quien se acercó a él, pausadamente y murmurando, atrevida, en su oído lo guapo que era:

– ¿Cuál es tu gracia? le preguntó.

Corría el año 1988 Lisboa ardía por los cuatro costados. Era una tarde muy calurosa del mes de agosto Un incendio en unos almacenes en plena calle del Carmo provocó el caos. Lisboa, la ciudad de los pintores y poetas era herida de muerte. Las llamas, manzana tras manzana, eran atizadas por una fuerte brisa que venía del cercano río Tajo destruyendo el centro histórico, Baixa Pombalina y el Chiado, el corazón romántico de Lisboa. Una enorme tristeza abatió la ciudad. Las explosiones no cesaban; los edificios se desmoronaban con sus viejas vigas ya candentes.

Unos meses antes del gran incendio, el amor le llegó a borbotones. Ella era preciosa, de buena familia no le faltaba de nada. Su padre, comerciante, importaba de Brasil artículos de primera necesidad haciéndose rico con el gobierno de Salazar.

Era una pasión carnal y clandestina. Imposible cara a la sociedad y en los ambientes en que su familia se movía. Una tarde del mes de Julio paseaban su amor cogidos de la mano por la playa, en Sintra. La noticia llegó hasta su padre en forma de huracán y la encerró en casa.

Él le escribía cartas clandestinas que le hacía llegar por medio de su niñera, procesándole amor eterno.

–Paciencia amor, nos veremos pronto. Espérame. 

Un descuido entre epístolas alertó a su progenitor y aprovechando este la tragedia del incendio comunicó a su hija de la muerte del chico, diciéndole que estaba en ese momento en los almacenes. El centro histórico estaba en ruinas.

Enloquecida, necesitaba tomar aire e  hizo caso a su padre y se embarcó en un trasatlántico camino de San Paulo. Sin mirar atrás, con su mano derecha acariciaba su vientre.

Ahora él vive en el barrio de Alfama solo con sus recuerdos. Atesora las cartas esperando que algún día regrese a su lado. Es cantante de fados y sabe, lo siente en su corazón,  que su amor algún día los escuchará.

Esta mañana, en el muelle, está inquieto como el mar encabritado. Se levanta y hunde un poco más en su cabeza el gorro de lana.

El corazón le da un vuelco, el viento calla y siente una sensación casi olvidada de placer. Sus ojos se posan en una hermosa mujer cogida del brazo de un muchacho.

Su nodriza antes de morir quiso espiar su culpa y por esas vueltas que da el camino, le escribe a San Paulo relatándole la mentira mezquina y cruel de su padre. Lo que nunca supo él es que tenía un hijo.
Su alma se desliza hacia los brazos de su amor.


Comemos en los jardines de Albuquerque, muy cerca del palacio de Belém, pizza, aderezada con cantos brasileños en la calle.

De regreso a pie y a medio camino de la ciudad nos paramos en XL Factory. Tiendas hipster con artículos vintage, bares y música indie y alternativa en directo, nos arrastran al interior de estos jóvenes bohemios de clase media-alta

Continuamos camino, con la tarde ya caída, hasta llegar a nuestro destino “Pensión amor” en la calle Alecrín.

Historias de amor, vicio, amores desgraciados; todo te lo puedes imaginar en este lugar, un museo del mundo erótico. Sensualidad decadente de la viaja Lisboa: sillones llamativos, espejos barrocos, pantallas de época, ángeles pintados en el techo, biblioteca con libros de sexo. Para acompañar y ponernos en situación un gin-tonic, frío, amargo, delicioso. Todo acompañado con muchísimo jolgorio y regocijo. Un vidente nos quiere echar las cartas y leer la mano... más risas.

Solo chicas.


Relato de ejercicio… Amores de barrio bajo. Valentina

Las piernas de Valentina no paraban quietas, eran las nueve de la noche. Un cálido aire de ese mes de junio llegaba hasta el salón. Esa tarde se paró un poco más de lo acostumbrado delante del espejo y se recogió el pelo en moño alto para parecer más esbelta. Los labios de carmín rojo hacían juego con sus uñas largas, de gata traviesa. Las medias de malla escarlata le llegaban al muslo provocadoras. El corpiño negro de satén realzaba sus pechos. Estaba excitada.

Era la primera vez que le pasaba en cinco años de profesión. Siempre fue muy tímida y le costaba abrirse a los demás, pero sabía escuchar y eso la ayudaba en su ocupación. Trabajaba en Baixa cerca del puerto en una casa preciosa de Madame de Ros. Todo era en tonos de color rosa; los sillones de raso, las lamparitas, las paredes y los muebles decorados con ángeles.

Los clientes de tradición portuaria eran los usuarios activos del burdel y la leyenda cuenta que hacían la promesa a la virgen de hacer feliz a una mujer si se salvaban de la mala mar.
Audun, marinero noruego, de familia humilde y madre portuguesa, joven e inexperto ancló un día en el burdel. Necesitaba beber y olvidar. Había sido una mala semana. Una tempestad los retuvo en alta mar y temió perderse en la oscuridad.

Valentina lo vio  y se acercó pausadamente para atrapar a ese hombre, la noche estaba tranquila. Para Audun fue como una aparición, una sirena como en sus sueños que venía a salvarlo. Toda ella era poesía.

Para el noruego ya no había dudas, se había enamorado. Para Valentina un ángel la había conquistado.

Ya no era un entretenimiento sexual, ya no era vicio, era una necesidad superior a su voluntad.

La leyenda se había cumplido.



Cena en casa. Chocolate con pastas que compramos en Belem y tertulia hasta la madrugada. Toca despedirse.

Día 10

Dejamos el piso temprano después de un desayuno ligero. El día está gris, como nuestro ánimo. Tenemos un pequeño percance con la furgo. Un espejo retrovisor roto. Nada grave.
El libro Memorial del Convento de Saramago, nos requiere una parada obligatoria en Mafra.

El Palacio nacional de Mafra es un edificio barroco construido por el rey Juan V. Una promesa que hizo a su mujer la archiduquesa María Ana de Austria si le daba descendientes. Después de nacer la princesa Bárbara de Braganza hizo que el rey iniciara las obras.

La construcción que en un principio era para trece frailes franciscanos, pero con la llegada masiva de oro de Brasil hizo que el rey Juan cambiase de planes y se decidiera por la construcción de un gran palacio que movilizó a más de 52.000 trabajadores. Ubicaron a 330 frailes franciscanos y se inauguró en 1730.




Es mediodía y a dos horas de Oporto, en Mealhada, paramos a comer. Típico de la zona: los lechones en “Casa Pedro dos Leitoes”. Comer es un placer.

Pasando Oporto nos sorprende una tormenta de viento y fuertes lluvias que nos hace viajar en silencio. Tensos no perdemos de vista el asfalto que por momentos se cubre con una pátina de agua resbaladiza. Aumenta la tensión el hecho de que la furgoneta tiene que estar antes de las siete de la tarde en el arrendatario. No hubo risas, ni bromas. Tal vez nostalgia.

Llegamos sanos y salvos, a la hora prevista, con un temporal que nos hizo estremecer.

Hoy dormiré en casa, en mi cama.

Te eché de menos hogar.




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