miércoles, 8 de agosto de 2018

ÁRIDO PRESENTE





Antes..., antes de que la vida me fuese arrebatada.

Salgo a la calle empedrada del casco antiguo. La ciudad desprende olor a tierra húmeda. El único sonido latente es el de mis chanclas al caminar habitadas por los pies desnudos y como atuendo mi desánimo.

El aire de la mañana de este mes de Julio es fresco, pero se esperan temperaturas altas a la hora bulliciosa. Las tiendas despiertan al día, levantan sus rejas y una luz plástica moldea sus productos.

Arropado por mi brazo izquierdo llevo el periódico, cargado de candentes nuevas primicias esperando ser leído con avidez. Me gusta esta hora vespertina y tranquila. La terraza todavía está vacía de clientes y el camarero, lozano, me sirve el primer café amargo, sin edulcorantes.

La llegada del “Aquarius” ocupa las primeras páginas. Médicos sin fronteras muestran el horror sufrido por los migrantes africanos en aguas mediterráneas durante el rescate de seiscientas veintinueve  personas.

Intranquila por tan malas noticias apenas saboreo el segundo café y observo el mar calmo. Me lo imagino de un color rojo en alta mar; de pérdidas, de historias que ya no podrán ser contadas. Relatos de mujeres maltratadas desde su nacimiento para que se hagan duras y puedan soportar violaciones en su adolescencia. De niños con la mirada perdida, sin abrazos de amor, a la deriva.

De regreso a casa mis pensamientos ocupan todo el espacio, las noticias de la prensa me dejaron mal cuerpo ¡Cuánto horror!, ¡cuánta crueldad!

Abro el portal de mi edificio y voy directamente al garaje. Tengo que hacer la compra del mes y necesito el coche. Violentamente, me tapan la boca.

Son dos hombres jóvenes, fuertes, a cara descubierta. Me arrebataron primero el bolso. No opuse resistencia ni les amenacé. Ya, Sin fuerzas y vejada, quebrantaron la barrera del mal. 

Tres incisiones producidas por arma blanca: dos en el vientre y la otra en la zona torácica me hicieron perder la vida.




No hay comentarios:

Publicar un comentario