A las puertas de la edad madura mi mundo se rompió en mil
pedazos.
Los años, no siempre suman un grado más en habilidad para
zafarte y no mirar de frente los
problemas. No, porque te sentirás estafada.
No seré nunca más el comodín de las amistades, no porque
me haya vuelto arrogante, sino porque ya estoy en un punto de mi vida que no me
apetece que se acuerden de mí por conveniencia. Se acabó, no tengo paciencia ni
ganas para el cinismo.
No perderé más tiempo con aquello que me desagrada y me
hace daño. Ni pienso perder ni un minuto más en dejarme manipular, ni agradar a
quien no agrado.
No soporto los conflictos, las malas maneras, la
vulgaridad y a las personas rígidas de
pensamiento.
Buscaré en el cajón de la memoria “mis sueños” e iré a por ellos.
Comenzaré por echar una mirada a mi pasado, pero solo una
mirada, de soslayo, fugaz, para visualizar el poso de mis vivencias, buscando
aberturas, –de hija a madre, de sobrina
a tía, de hermana a cuñada, de conocidos a amigos y ex amigos– y que me darán
la medida para este presente.
Esta nueva etapa de cimientos firmes, la tomaré con un
nuevo empuje que guardaré en mi mochila junto con la sabiduría aprendida en el
camino, y con todo el cariño de la gente de bien.
Se baja el telón.

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