–"Juntemos
las manos, palma contra palma, uniendo así nuestras líneas de vida”–
Votos de
matrimonio que leyó, el ahora su marido, ante el sacerdote el día más feliz de
su vida.
–Muchas
veces me preguntaron en qué momento me convertí en lo que soy… una cobarde. En
el preciso momento en que me envolvió el miedo.
Teresa
lleva con desesperación su mano derecha a la carta que lleva oculta en el
bolsillo interior del abrigo blanco. Un día más sin poder enviar una misiva de
auxilio.
–Hola
padres: Hace mucho que no tengo noticias vuestras. ¿Estáis bien? Mucho me temo
que mi marido me oculte vuestras llamadas.
Estoy
muy asustada. El año pasado cuando
ingresé por urgencia en el hospital, os mentí. ¡No me caí por las escaleras! Se
acabó mi voluntad de perdonar. Del escarnio de sus acusaciones sin sentido ¡Cuánta
razón teníais! Lo sé, lo sé. Yo Le amaba mamá, pero mi bote ya no tiene remos.
Vuestra hija que os
quiere.
Teresa
P.D. Papá no te demores, procuraré
ocultar mi temor hasta tu llegada.
En
la verbena de la fiesta de la primavera, Teresa y Andrés pasean por la
peatonal. Ella de labios rojos, tacón de aguja y gafas de sol. Alrededor de su
cuello luce un pañuelo de Balenciaga, negro con lunares blancos, que él le
regaló con el último “perdóname”. Su marido sonríe. Alto, bien parecido,
triunfador, aprieta con fuerza la mano de su esposa luciéndola ante los demás.
El día está soleado y el olor a azahar viste los sentidos de Teresa, silenciando así su corazón herido. Una mirada a destiempo de un hombre de mundo, despertó el
animal que su marido lleva dentro de sus entrañas. Teresa tapa el sol con un
dedo para ocultarse.
El
golpe seco de la puerta de su casa al cerrarse tras ellos, hizo que el cuadro
que pende de la pared del recibidor, gris niebla, se inclinase hacia la
derecha.
Teresa
se paralizó, su piel erizada la delata… y todo comienza de nuevo.
Huele
a palabras rotas, a lágrimas perdidas. Huele a tinieblas y abismo.
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| Pintura al óleo del artista plástico Nito Pereiro-Oliveira |

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