jueves, 24 de noviembre de 2016

SOY UNA MUJER MELANCÓLICA - Día internacional contra la violencia de género. 25 de Noviembre.



"Juntemos las manos, palma contra palma, uniendo así nuestras líneas de vida”–
Votos de matrimonio que leyó, el ahora su marido, ante el sacerdote el día más feliz de su vida.
–Muchas veces me preguntaron en qué momento me convertí en lo que soy… una cobarde. En el preciso momento en que me envolvió el miedo.
Teresa lleva con desesperación su mano derecha a la carta que lleva oculta en el bolsillo interior del abrigo blanco. Un día más sin poder enviar una misiva de auxilio.

–Hola padres: Hace mucho que no tengo noticias vuestras. ¿Estáis bien? Mucho me temo que mi marido me oculte vuestras llamadas.
Estoy muy  asustada. El año pasado cuando ingresé por urgencia en el hospital, os mentí. ¡No me caí por las escaleras! Se acabó mi voluntad de perdonar. Del escarnio de sus acusaciones sin sentido ¡Cuánta razón teníais! Lo sé, lo sé. Yo Le amaba mamá, pero mi bote ya no tiene remos.
Vuestra hija que os quiere.
         Teresa

P.D. Papá no te demores, procuraré ocultar mi temor hasta tu llegada.

En la verbena de la fiesta de la primavera, Teresa y Andrés pasean por la peatonal. Ella de labios rojos, tacón de aguja y gafas de sol. Alrededor de su cuello luce un pañuelo de Balenciaga, negro con lunares blancos, que él le regaló con el último “perdóname”. Su marido sonríe. Alto, bien parecido, triunfador, aprieta con fuerza la mano de su esposa luciéndola ante los demás. El día está soleado y el olor a azahar viste los sentidos de Teresa, silenciando así su corazón herido. Una mirada a destiempo de un hombre de mundo, despertó el animal que su marido lleva dentro de sus entrañas. Teresa tapa el sol con un dedo para ocultarse.
El golpe seco de la puerta de su casa al cerrarse tras ellos, hizo que el cuadro que pende de la pared del recibidor, gris niebla, se inclinase hacia la derecha.
Teresa se paralizó, su piel erizada la delata… y todo comienza de nuevo.
Huele a palabras rotas, a lágrimas perdidas. Huele a tinieblas y abismo.
Pintura al óleo del artista plástico Nito Pereiro-Oliveira



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