Es tarde. El día fue largo y está cansada. Su fiel amigo
no la está esperando. Esto le preocupa.
Camina despacio. La luna llena expande sus rayos
luminosos cubriendo el firmamento y, un escalofrío recorre su cuerpo delgado. Se
sube la solapa del abrigo, de color indefinido; hace frío, expira enero. Apresura el paso.
Un gato rabioso, de ojos centelleantes, sale de un
callejón oscuro y el maullido largo y siniestro la hace temblar.
Asustada y con el corazón en la garganta, aprieta más el
paso. En un recodo, al final de la calle, se oculta de una sombra acechante… la
persiguen. Aterrorizada se vuelve y…
Su fiel amigo, su guardián, su mascota, su compañero, su
alegría, la sigue unos pasos atrás, protegiéndola de la luna. Él dejó de
aullarle –lo abandonaron en el plenilunio por mostrarle su amor.
Su nueva ama le rescató del albergue entre orines y
ladridos una tarde calurosa del mes de Agosto. No le importó verlo en un estado
lamentable, flaco, herido. Simplemente lo acarició. Las palabras susurradas con
amor aliviaron su alma, moviendo de nuevo su cola al compás de sus carantoñas. La miró con sus
grandes ojos tristes, color miel, y levantándose tembloroso la siguió.
Y la siguió, día a día, hora a hora. Fiel.
Ella dejó de observar la luna a través del telescopio el
día en que su hombre se fue, un día como el de hoy, en todo su esplendor. Tiene
que protegerse del aroma de la noche y de las tinieblas que todavía albergan en
su corazón.
Su nuevo compañero
no lo hará, no la dejará, está segura, muy segura de su infinita fidelidad.
El calor del hogar les espera. Se esconden de las
sombras, de los falsos besos. Se abrigan mutuamente en su morada. Echado, muy
cerca de la lumbre, el olor a madera quemada le adormece. Él resopla plácido y
feliz. Su pelo es frondoso, largo y plateado.
Desde hace ya dos años crecen juntos, caminan por la ribera de los ríos, corren por
los montes, dejando atrás las tormentas, presagios y desamores.

No hay comentarios:
Publicar un comentario