jueves, 16 de junio de 2016

EL ÚLTIMO VIAJE - Finalista del II certamen de relato corto "El otoño en las islas" Organizado por el Parque Nacional Islas Atlánticas.

Traducido del gallego
Es otoño, diez de noviembre del dos mil quince. Estoy en el Parque Nacional de la isla de Ons, cerca del Agujero del Infierno. En este mes, como todos los años desde hace cincuenta, hago el mismo recorrido por las islas Atlánticas. Cíes, Sálvora, Cortegada... Es un ritual.
A mi lado una muchachita de doce años, mi bisnieta, que se empeñó en acompañarme este día. Creo que es cosa de mi mujer, dice que ya va siendo hora que le deje en herencia mis sentimientos, que la enseñe a amar lo que yo tanto quiero.
Caminamos despacio, el día está claro, sin nubes. Es un otoño seco como no se recuerda. La tierra desprende vida con aroma a música y a sal, dejando huella en nuestra piel. Las hierbas de enamorar trepan por la roca, hermosas, entre los matorrales.
La niña está asombrada de la belleza del azul prusiano del océano, de las aguas disfrazadas de verano, del viento fresco marinero y suave que le hace caricias. Me pregunta:
-           Bisabuelo, ¿por qué las hojas de los árboles tienen tantos colores?
El equinoccio del otoño es un regalo para la vista. -¿hueles las hojas?, huele a ocres, verdes, amarillos y rojos. Bailan en los pinos, en sauces y en robles antes de caer ayudadas por el viento del norte.
Nos sentamos cara al sol para reponer fuerzas y picar un poco de queso. En la lejanía,  la golondrina real a punto de emigrar a un lugar cálido. Y una bandada de gaviotas vuela por encima de nuestras cabezas si perder de vista la comida.
En esta fecha, ya libre de turistas, se escucha el ruido que hace el oleaje en el mar. Al este las olas caminan con las puntas de los pies hasta la playa y en el oeste rompen en el acantilado.
¡Enamora!
 La isla se recupera de sobresaltos, motores de lanchas, y el rugir de los barcos llenos de gente.
El otoño se prepara con su manto de esperanza. La humedad de la estación es libertad para los seres vivos que se abrigaban del verano. Seguimos caminando, el último tramo es estrecho. La elevación del sendero me ahoga. La niña dice que puede tocar el cielo y el mar con las manos, -bendita sea- juega en las rocas calientes por el sol del mediodía.
Las dunas en la playa se están formando ayudadas por el viento. Alrededor las hierbas de San Juan que perduran del verano, esbeltas, perfumando el aire. Si prestas atención, escuchas las conversaciones de los pájaros, sus secretos, como se cuentan la vida el camachuelo y el mirlo. El galanteo de las palomas...
Yo también estoy en el otoño de mi vida.
-           ¿Bisabuelo, me cuentas un cuento? ¿Sí? ¿Puede ser de aventuras?
-           Te contaré  una leyenda…
Hace muchos años una sirena vivía en la isla, en el agujero del Infierno, cerquita de donde estamos. Nadie la vio, pero dicen que viajaba escondida en una embarcación y...
-           shhh... cierra los ojos
La noche llegó galopando a hombros de un centauro, seguida de relámpagos y truenos que iluminaron el cielo, abriéndose en abanico las lluvias torrenciales. Las olas rugían turbias elevando el mar.
Un galeón corsario desafiando las tormentas continuaba el viaje y un centenar de marineros trabajaban a destajo hundiendo los remos en el agua espumante. Guillermina, así se llamaba el mascarón de proa, altiva y desafiante surcaba las aguas de las islas Atlánticas donde habitaba la sirena, que inducida por un espíritu con apariencia de serpiente, atrajo al capitán con su voz mágica de seducción.
¡Fue la perdición del oficial!
Quedó atrapado en el interior de una botella. Impotente, no pudo hacer otra cosa que confiar en la tripulación.
El viento silbaba sin descanso. Los marineros, sabedores del peligro, pidieron ayuda en murmullos a “Eurínome”, la diosa de todas las cosas.
El color violeta en el horizonte anuncia el nuevo día, tras él, un sol temeroso. Alrededor del galeón volaban los seres que acudían a las súplicas de los navegantes:
“Arpía”, la mano derecha de Zeus. Veloz y poderosa de los vientos tormentosos e infortunios.
“Dragón”, el volador, de color blanco, lanzador de conjuros. Y “Pegaso”, el caballo volador que transporta los rayos de Zeus.
La tripulación guiada por los seres divinos cogió fuerzas, y, sin desfallecer, ya cerca de la isla de Ons, tuvo otro tropiezo. Se encontraron con los malignos, guiados por la serpiente. “Leviatan”, el monstruo marino, “Kraken”, el pulpo devorador de barcos y medusas gigantes, que envolvieron el viento frenando el navío.
Ante la inminente invasión, el sol se ocultó y se manifestaron las tormentas, lluvias torrenciales y fenómenos inexplicables de seres superiores que dominaban las aguas y oleajes sin fin.
Se sumó a la cruenta batalla naval, “Pan”el dios de las brisas del amanecer y atardecer.
Así durante días y días…
A los ojos de los corsarios, los rayos de Zeus, los conjuros del Dragón y el castigo de Arpía, pudieron con la resistencia de los monstruos del mar.
Acorralada y amenazada de muerte, la serpiente, ordenó deshacer el hechizo, y en ese momento, el capitán tomó forma humana. Las vivas de sus hombres, maltratados tras  la batalla, no se hicieron esperar.
De las profundidades del océano, irrumpió Neptuno, desde su reino de castillos dorados, con su poderoso tridente y los inseparables caballos blancos cabalgando las olas, llamando a las Ninfas de la corte para que cantaran, y a los delfines y ballenas para que escoltaran la tripulación ya en aguas tranquilas y pacíficas hasta la ría.
Y el Capitán, a lomos de la Ballena mayor, llegó triunfante a puerto.
La jovencita se ríe y le pregunta al bisabuelo de dónde saca esas historias fantásticas que siempre tiene para contarle. Los besos que le da huelen a cariño, envueltos en abrazos de mil colores.
Xoán queda en trance y recuerda:
Aquella mañana, a las siete cuarenta, el diez de noviembre del cincuenta y seis, el “Ave del mar” enfilaba la puerta natural de la ría, enmarcada por las islas Atlánticas.
Un otoño nada que ver con el buen tiempo de hoy. El poderoso latir del mar, los abruptos acantilados y la niebla fueron el infortunio del barco y de los marineros.
Las noticias en los periódicos de la mañana escribían en titulares: “Naufraga el pesquero Ave del mar en la isla de San Martiño al tocar con unos bajos”. La intensa niebla...

-                 ¡Naufragar en el mar que baña la casa!

La niña responde al mimo que le hace el bisabuelo en el pelo, y lo mira de soslayo sin entender de qué habla.
Las mujeres hermosas y hechiceras, las serpientes del cuento de la bisnieta no estaban allí. Ni tampoco Arpía, ni Pegaso ni Dragón.
Hace años los cascos de los galeones se aprovechaban para hacer bateas de mejillones.
-           ¡Cosas de la vida!
No conocemos si los bancos de pescados que vivían en la ría, sargos, congrio, sardina o lubina, ayudaron batiendo las alas guiados por las gaviotas de patas amarillas o el cormorán a sostener el barco en el mar.
-           No claro que no, esto es real. Piensa para él.
-           La Virgen del Carmen también estaba ausente.
Xoán, perdió el primogénito en las aguas saladas y frías aquella mañana negra. Durante un tiempo odió las islas. Hoy las ama. Las visita en memoria y recuerdo de su hijo, padre de un bebé y marido de una mujer que le guardó ausencia durante una década con un pañuelo negro cubriéndose la cabeza. Sus lágrimas las llevó todas el mar aquel año, también el cabello castaño como el otoño, que le cambió a hilos plateados.
Hoy se despide de él, en el Agujero del Infierno, donde siempre quiso creer que en los cuarenta metros de profundidad están las almas de los que perdieron la vida en los naufragios. Así se lo contaron los paisanos. La Santa Compaña sale de la punta Centolo y recorre la isla desapareciendo por el cementerio.
-           Hijo, sé que estamos conectados con el pensamiento. Lo sé por todas las cosas que me ocurrieron a lo largo de mi vida. Ibas un paso delante de mí, abriendo camino, apartando los demonios, y el malestar de mi alma.
Lo que no me  perdono es la riña que tuvimos. Escogiste  una buena mujer. Ahora te doy la razón. ¡Lástima no darme cuenta antes!  ¡Eras tan joven para casarte!
Tu madre también está delicada. Comprende hijo que la mitad de su corazón se fue contigo.
¡Tuve una buena vida!
La hija que no viste crecer, es hoy una hermosa madre. Ella culminó mi felicidad con este torbellino, tu nieta, que es un retrato tuyo.
¡Me recuerda tanto a ti!
Mi barco también se hunde, es hora de partir, estoy en el último compás. No tengo miedo. Búscame en las tinieblas para que no me pierda. Te quiero.
Ya de regreso, con el sol del atardecer en la espalda, a la bisnieta y al bisabuelo les saca una sonrisa el delfín común, muy cerquita de ellos, haciendo cabrioladas.
15 de Julio 2016 - Auditorio edificio Cambón



3 comentarios:

  1. evamos 2 anos compartindo plumas e fermosos momentos. Como mera observadora so podo decir que é marabilloso ver como medras, como cada día sae máis á luz esa escritora que levas dentro e que produce obras tan incribles coma esta. Parabens compañeira. Non deixes nunca de sorprendernos cos teus relatos.

    ResponderEliminar
  2. preciosa historia,una buena forma de viajar por las islas, entre leyendas y imaginación de un hombre....sabio y una niña ilusionada con la historia..............

    ResponderEliminar