Carla, apoya la mejilla en el cristal frío de la ventana de su nuevo cuarto. Es una habitación pequeña, sobria, de paredes lacadas en blanco. El minúsculo armario cobija sus pocas pertenencias. Una mesita y un sillón de respaldo alto, es todo el mobiliario.
Forcejea con el postigo hasta que logra abrirlo. Le gusta el aire fresco, el olor del mar y el sonido de las olas que caminan de puntillas invadiendo la arena blanca de la playa.
El sol menguante del atardecer se posa en sus frágiles hombros, reconfortándola.
Pestañea deprisa y aprieta el collar de perlas rosadas, que siempre luce, contra el gastado e inmaculado suéter.
-Ella vendrá, me quiere. ¡Sè que vendrá!
Escucha pasos acercándose al otro lado de la puerta, contiene la respiración. La abren y la vuelven a cerrar.
Unos suaves golpes la despiertan de su ensoñación, la luz la cegó un instante. Sus labios dibujan una sonrisa etérea, exhalando un suspiro de amor.
Los ojos, brillantes, bailan al ritmo de las mariposas que anidan en su estómago y, un abrazo cálido la envuelve.
Si, ya puede partir.
Carmen Oliveira. Agosto 2015

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