domingo, 27 de marzo de 2016

INDULTO



Camina despacio, el día fue largo y agotador.
La noche oscura y con niebla le dificultan la visibilidad.  Un escalofrío recorre su cuerpo delgado, se sube la solapa del abrigo y apresura el paso.
Está aturdida, piensa en el muerto. El que maquilló esa tarde. Catalepsia le habían dicho.
  – ¡Si solo fue un beso! ¡Un beso!
Un ruido la alerta, escucha voces… la persiguen.
La angustia se apodera de ella. Los escaparates de los comercios cobran vida y los maniquíes que horas antes sonreían agradando al público, le gritan…

 –¡Qué has hecho! ¡Ya era de los suyos! ¡No te perdonan!
Entra en crisis y, sin control grita en el  silencio  perturbador. En un recodo, al final de la calle, se oculta de las sombras acechantes… están ahí. Aterrorizada…  

 –Por favor... señorita… Señorita…
En la librería, Dulce da un respingo. Apoyada en una columna y embobada con la lectura, no escuchó por megafonía que era la hora del cierre.


Carmen Oliveira

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