viernes, 18 de marzo de 2016

UN CUENTO INESPERADO. Relato publicado en la antología "Ilusiones" de la Editorial Letras con Arte.


Ya en la calle, camino con un sol cálido que acaricia mi espalda. Busco un buzón de correos donde depositar una tarjeta. La llevo en mi mano derecha, meciéndola contra mi pecho, y sonrío pensando en su contenido.

Días antes decido escribir un cuento por Navidad a Carmen, mi amiga. Últimamente está triste; se recupera de una pérdida. Ya hace un tiempo que no nos vemos y la red social no nos da el calor de un abrazo.

Se merece mi entrega, mi atención. Escucharla y confortarla. Nos hicimos hermanas en la universidad, creamos hogar y luchamos por ser hoy lo que somos. Todo lo que aconteció en aquel tiempo de juventud, está marcado en nuestros corazones. Risas, lágrimas, amores. Días de cambio.

Se me ocurre escribirle en papel, es más cercano y divertido.

¿Es posible que no esté con los cinco sentidos?… Estoy distraída mirando escaparates vestidos de turrón y mazapán, y sueño con las reuniones familiares. Como sin querer, tatareo algún que otro villancico.


¡Pues nada! ¡Ningún buzón de correos a la vista! ¿Ya no existen? ¿Ya nadie envía cartas por correo ordinario?

Pongo toda mi atención, resulta extraño. Camino tomándome mi tiempo, miro a la izquierda, a la derecha. Nada.

Se me hace tarde. Es hora punta, el bus irá abarrotado de gente. Apuro el paso.

Ya cerca de la Plaza de España, le veo, allí, al otro lado de la calle, riéndose de mí, con esa boca grande y vestido de amarillo. No me da tiempo a cruzar, tengo el tiempo justo. Dos semáforos, un paso de peatones...

Decido arriesgarme, la tarjeta me quema en la mano.

¡Por fin, misión cumplida!

Divido el cuento de Navidad en seis partes. Le enviaré una cada día. Espero que “el gigante”, ese que era invisible, siga ahí.

Está siendo una experiencia emocionante, por lo que me imagino que a Carmen la va ilusionar. Es agradable que se acuerden de ti.

Cuando el cartero llegue con la misiva, -visualizo a mi amiga- una exclamación saldrá de su boca:

-Dios mío, y ahora qué… ¿Una multa de tráfico? ¿De hacienda?

Sus labios dibujarán una gran sonrisa iluminando sus ojos verdes, y estará expectante los días siguientes, esperando al hombre de la gorra con una nueva misiva en su cartera.

Para ella, mi amiga, un cuento de Navidad en fascículos.
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