Preparo la maleta, meto unas mudas, lo justo para cinco días, quizás seis.
Un momento más, una última mirada… los cuadros que elegí con mimo cuelgan de las paredes. Acaricio con mi mano tibia y temblorosa “Montedidio” a medio leer en mi rincón de lectura, la manta para arroparme cuelga del brazo del sillón, fotografías y regalos hechos con tanto amor…
La luz que atraviesa la ventana inunda de color la estancia y mi equipaje se llena de recuerdos, en armonía y paz.
Cruzo la puerta de entrada y la cierro. Me espera otra, de color blanco, habitación de paredes blancas y sábanas blancas en un quinto piso.
Hace solamente una hora, 60 minutos, que el teléfono sonó…
“Hay donante”
Ohhhhh bravo!!!!! Bravo! Bravo!!!! No me esperaba ese final!!!
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